Viaje a Guatemala Viaje a Guatemala Prensa Libre


[ Archivo de publicaciones ]


Notas relacionadas:

  A 26 kilómetros, carretera a San Lucas Sacatepéquez, existe un lugar lleno de aventura y descanso para salir del...
One of the most historic and distinctive places of Guatemala City El Cerrito del Carmen,  a spot declared Cultural...
Uno de los lugares más históricos y emblemáticos de la Ciudad de Guatemala es El Cerrito del Carmen, declarado...
El parque es sede de caminatas, juegos, relajación, descanso, recreación familiar y observación de aves. Sus senderos...
This park is the center of walks, games, relaxation, resting, family recreation and bird sightseeing. The paths of this...
Fondos de pantalla de Jesús Nazareno de la MercedFotografías por José Carlos Flores Para descargalas, haga click...
Octubre, mes del rosarioPor Claudia Navas El tráfico se aglutina sobre la 12 avenida al acercarse a...
Circa cinquecento anni fá, Saqik'ajol Nimakaqapek era l'orgogliosa capitale del regno Poqomam. Era una fortezza...

Antigua Guatemala

La Capital Andariega




Al adentrarnos por las calles llenas de anécdotas, tradiciones y leyendas del Centro Histórico, su trazado nos evoca el pasado colonial oculto tras la agitada actividad de sus habitantes.

Detrás de su historia

Si alguna capital hispanoamericana ha sido viajera, es la de Guatemala. Desde su fundación en 1524, hasido asentada en cuatro lugares diferentes: Iximché, Almolonga, Panchoy y el valle de la Asunción, lugar en el que actualmente se encuentra.

Hacia mediados del siglo XVIII, la capital del Reino de Guatemala era la ciudad colonial de Santiago de los Caballeros, ubicada en el Valle de Panchoy. Pero en 1773, una serie de terremotos destruyeron gran parte de sus edificaciones de estilo barroco.

Ante los destrozos, las autoridades coloniales decidieron trasladarla. Se realizaron estudios de distintos valles, entre ellos el de Jalapa y el de la Ermita. En este último la calidad de los suelos, los vientos y la cercanía ofrecían mayores ventajas.

Fue así como la actual ciudad de Guatemala se fundó en 1776, en el valle de la Ermita, junto a una pequeña población fundada en 1620, cuya parroquia estaba dedicada a la Virgen de la Asunción. En la actualidad, este lugar se conoce como la Parroquia Vieja.

El nombre del valle proviene de una ermita ubicada sobre un cerro, donde se veneraba la imagen de la Virgen del Carmen. Con el traslado, el lugar cambió de nombre y quedó bajo la protección de la Virgen de la Asunción.

Ajedrez citadino

El traslado de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, y la férrea voluntad del rey marcó el inicio de la vida citadina en el nuevo asentamiento. Tres meses más tarde, la ciudad recibió el nombre de La Nueva Guatemala de la Asunción, declarada así por Real Orden emitida el 23 de mayo de 1776.

Cuando se efectuó el traslado de la ciudad, la tendencia artística naciente en Europa era el estilo neoclásico, que resaltaba el diseño de las ciudades romanas. Este era muy diferente del estilo barroco de la antigua ciudad de Santiago. El entonces rey de España, Carlos III, adoptó ese nuevo estilo en todas las colonias españolas. El trazado de la ciudad fue encargado al arquitecto Luis Diez de Navarro, pero contó con algunas modificaciones propuestas por el arquitecto español Marcos Ibáñez.

Siguiendo las ordenanzas reales, la ciudad se diseñó con plano ajedrezado, con una plaza mayor en el centro y cuatro plazas secundarias, equidistantes de ella, afirma el Arquitecto Mayor de la ciudad, Roberto Aycinena.

Las calles fueron trazadas en líneas de oriente a poniente y de norte a sur, alrededor de un espacio abierto, llamado Plaza de Armas. Esta plaza imitaba los diseños romanos de los campamentos militares, que se levantaban siguiendo dos líneas rectas perpendiculares.

Los principales edificios de autoridades civiles y eclesiásticas se ubicaron frente a esta plaza: al poniente el Palacio Real, al norte el Ayuntamiento (en donde ahora está el Palacio Nacional), al este la Catedral y el Palacio Arzobispal, y al sur el Portal del Comercio, que se adjudicaron a las familias Aycinena e Irigoyen, afirma Rosa María Alvarez de Aragón.

Un poco más lejos se ubicó a la población que seguía en rango y prestigio en la sociedad, en los que más tarde se convertirían en barrios ubicados en torno a las iglesias. Más lejos aún, quedó la población indígena y mestiza. Estos construyeron sus casas de paja y materiales menos perdurables.

El pulso de la ciudad

La ciudad se fue construyendo lentamente, pues era una época de crisis económica dejada por el desastre y las condiciones imperantes en todo el territorio. El trazado original permaneció con sus mismas características hasta un siglo después, afirma el Cronista de la ciudad, Miguel Alvarez.

Pero de 1871 en adelante, la situación económica mejoró y aumentó la carga demográfica. Durante el Siglo XX , los terremotos y los gustos de los gobernantes de turno, con patrones europeos, hicieron que la capital adoptara un nuevo rostro, afirma la historiadora Oralia de León.

Otros cambios eran influidos por el uso del material de que disponía, como la lámina de zinc, y otros productos usados en construcción. Ya entrado el siglo XX, el Centro Histórico obtiene un nuevo rostro por los diferentes estilos arquitectónicos que se aprecian en las construcciones que lo conforman.

El actual centro de la ciudad tiene en su arquitectura y su patrimonio la expresión de más de 200 años, transcurridos desde su fundación. En él, se encuentra arquitectura barroca y neoclásica, correspondiente al período colonial y a los primeros años de vida independiente.

También se encuentra arquitectura ecléctica, es decir, mezcla de expresiones renacentistas, góticas, mudéjares, románicas y neocoloniales. Otras modalidades son el art deco, art noveau, modernista, contemporánea y contemporáneo expresionista.

Fiestas agostinas

Los habitantes originales del valle de la Ermita, celebraron por primera vez el 15 de agosto de 1620, la construcción de la Ermita de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en lo alto del cerrito, comenta el cronista Alvarez.

Coincidentemente ese mismo día, los habitantes de Jocotenango,un poblado indígena próximo a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, festejaban la feria en honor a la Virgen de la Asunción, patrona del lugar.

Sin embargo, el traslado de la ciudad también los trajo a este nuevo valle y con ellos, sus tradiciones y sus imágenes religiosas. Fueron ubicados al norte del barrio de San Sebastián.
La feria nace como resultado de la fusión de estas dos celebraciones y se transforma, con los años, en la actividad más importante de la nueva ciudad. La solemnidad y la pompa de quienes asistían, la convirtió en un hecho social y económico de importancia. El escenario de tal acontecimiento anual es, desde entonces, la zona norte de la ciudad, donde se encuentra el Hipódromo del Norte.

Esta celebración era tan importante para la sociedad guatemalteca, que en los albores del siglo XIX , el cronista Domingo Juarros dejó constancia de esta tradición en una crónica titulada La Feria, en la que narra: "La víspera y día de la Asunción, hay en este pueblo una feria de caballos, mulas y otras mercaderías, a que concurre gran número de gentes".
Durante el siglo XIX, la feria siguió siendo una importante actividad comercial y tradicional, agregándose con el paso del tiempo nuevas atracciones, como las carreras de caballos en la época liberal y los juegos mecánicos en las primeras décadas del siglo XX.

¡Vamos a la feria!

El día de la patrona no se trabajaba, era asueto y los habitantes de la ciudad se distraían en la feria. De allí procede el nombre de feriado, asegura el historiador Haroldo Rodas.

El Cronista de la ciudad, Miguel Alvarez, refiere algunos de los episodios interesantes de cómo era la feria, al afirmar que el 15 de agosto era un día de esplendor, de las artesanías y su color, el olor de la comida, las frutas y los dulces típicos,situados en los alrededores del templo y de los campos de la feria.

Durante la mañana, los niños con sus padres visitaban la feria. Además de los juguetes y las golosinas, disfrutaban del carrusel de caballitos y otras distracciones infantiles. Se jugaba a la lotería y el premio consistía en piezas de loza inglesa o alemana. Por la tarde, las damas lucían traje de seda y mantón y los caballeros vestían de etiqueta.

Se asistía al circo, se disfrutaba de los juegos mecánicos y en la noche el pueblo acudía al Zompopero y las Zarabandas. Los grupos pudientes, en cambio, se reunían en el sector más elegante de la feria, el Ballerina, a lucir la moda de la época, a bailar al compás de las orquestas y la marimba, concluye Alvarez.

El nuevo perfil urbano

Con el cambio de la ciudad capital, en el siglo XVIII, además de la sede del gobierno, se trasladó el gusto por las casas amplias, confortables y solariegas. Los habitantes con recursos económicos construyeron sus viviendas con reminiscencias coloniales, utilizando mano de obra indígena y mestiza, afirma la historiadora Rosa María Alvarez Aragón.

Curiosamente, las residencias de la época eran diseñadas uniformemente. Eran homogéneas, con muros blancos hacia el exterior y alerones para protegerlos de la lluvia. Se instalaban grandes puertas de madera y balcones de hierro. Las casas disponían de cocheras amplias, pues el carruaje era el medio de transporte de los más ricos.

Completaban el conjunto una colección singular de plazas, parques y atrios, pasajes, calles empedradas y callejones, palacios iglesias y casonas. Estos lugares sirvieron de escenario a una rica tradición en la que destacan las leyendas y las historias de los personajes que se revelan en las frases populares, comenta el antropólogo Celso Lara.

Los vecinos se asentaron en los lugares que se conocen como los barrios de la Parroquia, Jocotenango y, especialmente, en el centro de la ciudad, donde actualmente se localizan casas que, a pesar del paso del tiempo, aún conservan su estilo y buen estado. La mejor prueba de ello y que puede ser vista por los turistas nacionales y extranjeros, es el Museo Casa Mima (8a. Avenida 14-12, Zona 1).

Textos: Lizbeth Barrientos

Fuentes:
Miguel Alvarez, Cronista de la Ciudad.
Celso Lara, antropológo, Centro de Estudios Folklóricos.
Roberto Aycinena, Arquitecto Mayor de la Ciudad.
Haroldo Rodas, historiador.
Rosa María Alvarez Aragón, historiadora.
Oralia de León, investigadora de la Dirección General de la Universidad de San Carlos.
Revista Galería. Número 4, año 2. Fundación G&T. Guatemala 1999.
Memoria del III Encuentro Nacional de Historiadores. Guatemala 1997.