Monumento a Rafael Landívar Está ubicado sobre la Alameda de Santa Lucía y 5ª Calle Poniente, siendo de hecho el monumento funerario donde descansan los restos del recordado poeta jesuita. Considerando la historia hablar del monumento ofrece poco, comparado con lo que la vida y obras de Rafael Landívar brindaron al país. Nació en La Antigua Guatemala , antes la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el 31 de octubre de 1731. Sus padres eran nobles acaudalados. Creció en soledad por su frágil salud, rodeado principalmente de los maestros particulares que le brindaron la educación que más tarde rindiera brillantes frutos. Obtuvo un doctorado en filosofía y destacó aprendiendo latín a corta edad. Con tan sólo 16 años ya contaba con un grado de “maestro de las artes”. Se desempeñó como docente impartiendo clases y viajó a México para completar su carrera sacerdotal, celebrando su primera misa en dicho país. Formó parte de la Compañía de Jesús, donde aún se conservan sus ruinas, y a su lado, en el antiguo Colegio, el Centro de Formación de la Cooperación Española , institución que restaurara lo que quedó del complejo, antigua casa de célebres intelectuales. En 1767 por orden de España todos los jesuitas fueron expulsados del reino y, por ende, Rafael Landívar parte hacia Italia de donde nunca regresó.
Posteriormente, el gobierno de Guatemala repatrió sus restos para conservarlos en el monumento que se contempla actualmente sobre la Alameda. Su mayor obra, gran tesoro confundido en un término Rusticatio Mexicana es sin duda alguna su legado más recordado, el cual fue publicado en 1781 y en años posteriores con nuevas ediciones. Fue escrita en un estilo de poesía latina. Escogió ese título por encerrar gran contenido afín a la región y debido a que en la época, en Europa, se reconocía al territorio español en América bajo el nombre de México. Su obra en general es de gran valor literario y ha sido reconocida internacionalmente como uno de los grandes valores de la literatura guatemalteca.
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