Ruinas de la Iglesia de la Compañía de Jesús Su origen se deriva de la solicitud de la Orden jesuita para dar lugar a un Colegio. Su fundación se llevó a cabo, aunque no toda, en 1561, según permiso correspondiente. Es en 1580 cuando comienza el verdadero movimiento y, finalmente, en 1582 se inaugura sólo el Colegio. El templo fue inaugurado en 1626. Como era de esperarse los seísmos que hicieron temblar a la Ciudad Colonial castigaron a esta edificación, la cual fue reconstruida en 1689.
De nuevo Diego de Porres deja su huella imborrable en la construcción como lo hiciera con otras muchas en la ciudad, diseñándola él mismo y sobrevive hoy como recuerdo de la edificación original. Los jesuitas fueron expulsados por una orden emitida en 1767, lo cual marca el inicio del abandono de las instalaciones castigadas por el terremoto de 1773. Alcanzaron también a ser azotadas por el más reciente terremoto de 1976. Puede apreciarse con una parte en ruinas, más que todo exterior, y otra bastante restaurada y en uso por la Cooperación Española en lo que fue el Colegio de la Compañía de Jesús. La fachada del templo puede contemplarse ahora libre de obstáculos, con un atrio despejado y accesible, porque con anterioridad fue utilizada como mercado de artesanías.
Una labor de restauración En 1992 la Agencia Española de Cooperación Internacional adquiere el compromiso de restaurar las instalaciones para abrir un colegio, Centro de Formación Internacional. Dicho compromiso ha rendido frutos y pueden apreciarse en los detallados trabajos que habilitan a la edificación con interiores finamente acabados. Sus corredores y patios son dignos de admiración, los cuales pierden al visitante en el tiempo sumergiéndolo en la atmósfera de cómo lucía originalmente. En la actualidad se llevan a cabo diferentes actividades culturales en su atrio, tales como lecturas de poesía, exhibiciones y teatro.
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