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Defensa contra piratas Cuando llegaron los castellanos a la región de Mesoamérica encontraron muchas riquezas y bienes que deseaban comerciar con Europa, pero establecieron un sistema por el cual todo producto era llevado primero a un puerto español y luego era conducido a otras partes del continente europeo. Esto molestó mucho a los comerciantes de otros países, sobre todo de Holanda, Francia e Inglaterra y algunos navegantes decidieron apropiarse de muchos de los bienes que eran transportados sin pagar por los productos, éstos eran los llamados bucaneros y piratas.
En el período hispánico al istmo de Centro América y Chiapas se le conocía como Reino de Guatemala y al lago de Izabal como Golfo Dulce. Hacia 1595, debido a incursiones de piratas el entonces Presidente de la Audiencia, Francisco de Sandé, escribió al monarca para informar de seis incursiones de bucaneros. Sandé narraba “trataré de ver si en el Golfo Dulce puede haber remedio” en contra de la presencia de navegantes no españoles. Un año después, dice Sandé, para cobrar impuestos ya se había construido un torreón redondo, a unos 15 metros sobre el nivel del lago, en un promontorio del lado noreste del lago de Izabal, en su parte más angosta, además allí se guardaban algunos productos. El 1 de noviembre de 1596, bucaneros ingleses asaltaron la torre y robaron cueros que se iban a embarcar a España y dañaron el edificio.
Con más defensas Para mejorar las defensas en el viejo torreón, en 1669 el ingeniero Martín de Andújar visitó San Felipe y lo describió como “cubo redondo de diez o doce varas de diámetro, cubierto de paja, con los parapetos de tablas bien maltratados, con siete piezas en cabalgadas y otras tres en el suelo, junto al mismo cubo, con su parapeto hecho por el castellano Claudio Pérez de Lorenzana”. Sin embargo, las obras formales de reconstrucción fueron iniciadas por orden del Presidente Jacinto Barrios y Leal, el 15 de febrero de 1688, por el ingeniero militar Andrés Ortiz de Urbina, quien tenía encargo del monarca de proceder al trazo de los planes de las fortificaciones del Reino de Guatemala. La obra que se emprendió en San Felipe duró cerca de siete meses. La transformación realizada en el castillo, desde entonces es prácticamente la que se ha conservado hasta la fecha y la que se puede visitar. En el siglo XVIII otros puertos se hicieron más visitados por las embarcaciones y la caída de las exportaciones del añil, a finales de esa centuria hicieron que el Golfo Dulce perdiera importancia económica. En el siglo XIX Santo Tomás de Castilla, primero, y Puerto Barrios después, fueron los puertos de entrada y salida de productos por vía marítima, por lo que el Castillo perdió para siempre su importancia estratégica y quedó como recuerdo de otros tiempos. Sitio Turístico
Por: Anibal Chajón |