Viaje a Guatemala Viaje a Guatemala Prensa Libre


[ Archivo de publicaciones ]


Notas relacionadas:

Xenacoj: its name has varied along time, since its original one:l Sinacao, changing to Xencoc and later Xinacó; ending...
Sulla strada Interamericana verso l'occidente del paese, al chilometro 49, si trova l' Hacienda Incantada. Qui é...
    Situado a pocos kilómetros de la ciudad capital, Chimaltenango es un departamento lleno de colorido y tradición...
Menzionare San Juan Comalapa da modo di pensare alle pitture, all'arte e al colore. Effettivamente questo luogo é tutto...
Parece difícil de creer, pero sólo han pasado 30 minutos desde que salimos de la ciudad y ya el paisaje es esplendoroso...
Sembra difficile da credere, però sono passati solo 30 minuti da quando siamo usciti dalla città ed il paesaggio è...
Mencionar San Juan Comalapa da pie a pensar en pinturas, arte naïf y color. Efectivamente este lugar es todo esto y más...
I pezzi artigianali si trovano a buon mercato Il municipio di Tecpán nel dipartimento di Chimaltenango festeggia in...

Antigua Guatemala

Con la fuerza de los vientos

Los barriletes lanzados al cielo el 1 de noviembre han hecho famosa a la localidad de Santiago Sacatepéquez, un lugar que merece la pena ser visitado durante todo el año.

Sus tranquilos habitantes, que aún pasean por calles empedradas, se esfuerzan por mantener la belleza del entorno natural y la riqueza de sus tradiciones.

Visito Santiago Sacatepéquez el 23 de octubre, a poco más de una semana de la celebración del Día de los Santos, y descubro un lugar rodeado de parajes naturales de gran belleza. Además, es una localidad en constante movimiento, donde es posible apreciar las mejoras urbanísticas de la comunidad junto a las antiguas construcciones de encanto tradicional.

Los gigantes del aire

Por acudir allí en las fechas cercanas a la celebración de los santos difuntos, tuve la oportunidad de ver la elaboración de los famosos barriletes. El salón municipal es utilizado como taller provisional y allí se reúnen los artesanos, normalmente por la noche o los fines de semana.

Los barrilletes de Santiago Sacatepéquez se preparan con meses de anticipación y los temas para su elaboración son armoniosamente seleccionados.

En ese lugar, encontré trabajando a Antonio Con, de 20 años, y Edgar Puac, de 21, dos artesanos que llevan dedicándose a la fabricación del barrilete desde que eran pequeños. Y es que en Santiago, estas obras volantes de papel son piezas artísticas que requieren considerable dedicación.

Los artesanos me cuentan que tres meses antes empieza la elaboración de los barriletes, confeccionados con papel de china de colores y caña de bambú. El proceso requiere de mucha paciencia y gran creatividad. Hay que tener en cuenta que, aunque los barriletes más habituales son los que tienen de uno a ocho metros de diámetro, los grandes llegan a los 14.

Para realizar los barriletes gigantes de Santiago Sacatepéquez es necesario formar grupos de alrededor de 35 personas. Se comienza por la elaboración de los diseños y la elección del motivo, que va desde la tradición maya a las preocupaciones de la vida moderna, como las drogas, pasando por la plasmación de las riquezas estéticas y culturales guatemaltecas.

Cada detalle de color es un pequeño fragmento de papel pegado, alcanzando trabajos verdaderamente bellos. Así, la actividad atrae a visitantes de todas partes del mundo, con lo que para el 1 de noviembre en Santiago se reúnen miles de personas.

Las almas de los muertos

Según la tradición, en el Día de los Santos las ánimas de los muertos salían de sus tumbas para llenar el pueblo con malos espíritus, lo que traía desgracias a la gente local. De ahí que los habitantes decidieran construir unos barriletes tan grandes, que al volar hicieran un ruido que ahuyentara a estos malos espíritus.

El mercado de Santiago Sacatepéquez es amplio y ordenado, por lo que ir a verlo es un verdadero placer.

Para los barrileteros, Antonio y Edgar, esta leyenda ya no es lo que mueve a los santiagueños a construir sus barriletes, sino el deseo de mantener una tradición que les gusta y respetan. De esta manera, la disputa anual se centra en construir los barriletes más grandes y que lleguen más alto, lo que ha generado un concurso al que acuden cientos de participantes.

Sin embargo, la envergadura de estas estructuras volátiles alcanza tales dimensiones y peso que muchas veces son incapaces de remontar el vuelo, por lo que actúan de elementos decorativos durante la celebración de Todos los Santos.

La afición a volar los barriletes en Santiago es tal que, en cualquier momento que se vaya, se les podrá ver surcando sus cielos nubosos. Eso sí, el lugar ideal para volarlos es el cementerio.

Pero sea la fecha que sea, cuando vayas a visitar Santiago Sacatepéquez, debes terminar tu recorrido en el camposanto, cuya elevación con respecto al pueblo permite disfrutar de una leve brisa constante. Mientras disfrutas de la bella vista que hay desde ese lugar, seguro encontrarás algún patojo construyendo su juguete volador.

Cualquier bolsa de plástico y unos palos sirven para crear un barrillete ocasional. Y, aunque parece imposible hacerlos volar, estos niños de Santiago los elevan metros y metros de altura. A veces, se escapan para reunirse con los santos que viven más allá, uniendo el sueño de esos niños con el de sus antepasados.

El camino de Santiago

Para llegar desde la capital, dirígete hacia La Antigua Guatemala por la carretera Interamericana y, cuando llegues a la altura de San Lucas Sacatepéquez, cruza a la derecha y toma el camino donde están los restaurantes de carne asada. Aprovecha para comer aquí, ya que en Santiago Sacatepéquez sólo hay unos pocos comedores.

Desde esa intersección, el trayecto a Santiago puede hacerse en diferentes medios de transporte. Hay camionetas de la capital a Santiago que pasan esporádicamente. Pero al tratarse de un camino franqueado constantemente por bosques montañosos, con una avenida de impresionantes pinos centenarios que te encaminan hacia la aldea bajo una fresca sombra, es perfecto hacerlo caminando o en bicicleta.

Sabrás que has llegado a Santiago por el blanco monumento que, dedicado al santo, recibe al visitante. Desde ahí se abre el valle por donde descienden las casas de la localidad. Así es que el parque central, donde se sitúan la municipalidad y la iglesia, tiene una magnífica vista del valle de Sacatepéquez.

Todo este parque se halla en constante remodelación, por lo que el ayuntamiento es nuevo y destaca frente a la iglesia de una belleza clásica colonial. En mi visita, todavía se encontraba la futura escuela en construcción, frente al campo de fútbol local.

Ignacio Laclériga.
Fotografías: Darío Morales

Entre santos y difuntos

Cuando los castellanos conquistaron Mesoamérica implantaron sus costumbres en la región. Sin embargo, ya los habitantes tenían una complicada interpretación sobre la situación del ser humano después de la muerte, por lo tanto adicionaron el nuevo pensamiento a su mundo espiritual. En la actualidad el preámbulo de la celebración ocurre la noche del 31 de octubre, día en que se acostumbra que los niños salgan a las casas del vecindario a pedir algún alimento, simbolizando a las ánimas.

Un ejemplo de estas costumbres ocurre en Petén, donde los niños salen por la noche a pedir Ixpasá, bebida hecha de maíz negro. Estos actos se han interpretado como un fenómeno religioso anterior a la instauración del Cristianismo en Europa, y se presentan en muchos lugares, aunque la forma de practicarse es propia de Mesoamérica. Ya dentro de la tradición cristiana, la iglesia católica estableció que el uno de noviembre se celebrase una fiesta en honor de Todos los Santos, cuyo número se eleva a varios millares. El 2 de noviembre, en cambio, se ora por las personas que han muerto. Santos o no, son los seres queridos de todos los vivientes y, por eso, se les dedican los oficios religiosos. En Guatemala se han fusionado ambas celebraciones. Por ello no es extraño que, desde fines de octubre, se vean trabajadores remozando los mausoleos, aumenten las ventas de flores y velas para decorarlos y se coloquen las placas que faltan a algunos nichos. Toda esta práctica está relacionada con la forma en que se conservan los cuerpos de los difuntos en el país. En los siglos de la Colonia las personas eran sepultadas en las criptas bajo los templos o en capillas. Para continuar con la práctica de preservar los cuerpos para el día del Juicio Final, se edificaron los mausoleos, después de que el gobierno de Mariano Gálvez, en el siglo XIX, prohibiera los entierros en los templos. El uno de noviembre los cementerios se vuelven centros donde los vivos recuerdan a los muertos y cobran una alegría inusitada. Muchas personas los recuerdan comiendo en su compañía, cerca de las tumbas o nichos.

En Guatemala se celebra el uno de noviembre el día de Todos los Santos y, el 2, el día de los difuntos, aunque ambas festividades se han fusionado a lo largo de los años. Barriletes que suben al cielo para llevar mensajes, comidas en camposantos, velas y recuerdos caracterizan estas fiestas en el país.

Por el aire

Elaborados en papel de china, con varillas de bambú, con diseños de muchos colores y variados tamaños, los barriletes parecen haber surgido como una forma física de elevar plegarias o mensajes a quienes están más cerca de la divinidad que los vivos. Actualmente se han convertido en una diversión familiar que, aprovechando las condiciones del clima, la mayor velocidad de los vientos y el término de la época lluviosa son propicias para volar barriletes. En cualquier caso, las complejas tradiciones guatemaltecas, mezcla de las culturas mesoamericana, europea, oriental y africana, quedan plasmadas en esas extensas manifestaciones de religiosidad que abarcan todas las esferas de la actividad humana, desde la comida hasta el vestuario, desde el platillo que se come hasta el instrumento de juego y diversión, porque la vida no termina en una tumba. Se prolonga en los seres queridos.

Comida para difuntos

En el primer día de noviembre, en muchas comunidades guatemaltecas se acostumbra adornar las tumbas con flores y alimentos, como parte de una herencia cultural que se pierde en las hondas raíces del pasado.

Los preparativos han comenzado algunos días antes, cuando se ha mandado pintar, limpiar y reparar los nichos o mausoleos para las fiestas de Todos los Santos y el día de los Fieles Difuntos. En las primeras horas de la madrugada del 1 de noviembre, los grupos familiares se acercan al cementerio. Las puertas están abiertas para recibir a los visitantes que llegan a adornar las tumbas de sus seres queridos.

Una caravana puede verse en casi todas las poblaciones del país, sin importar la región, indica la historiadora Lilian Hernández. Las personas se dirigen a pie, en familia, entre la oscuridad con un destino común, visitar a sus antepasados. Una vez en el camposanto, la caravana se disgrega, y cada grupo se dirige al lugar de reposo de sus familiares.

Las personas llevan festones, tiras de hojas de pino llamadas gusanos, flores naturales, aunque en algunos cementerios se están prohibiendo para evitar la proliferación de insectos, flores artificiales de papel o cera, adornos de plástico o papel de china y todo se coloca en los mausoleos o nichos. Si los mausoleos son amplios, se esparcen hojas de pino como alfombra. “Es una celebración a lo grande”, indica Hernández.

El proceso del adorno lleva algunas horas, mientras tanto las personas, niños y adultos, comentan historias y anécdotas relacionadas a los difuntos, algunos chistes y recuerdos que los hacen sentirse unidos a quienes han tomado la delantera en la muerte.

Las cabeceras

El punto culminante de la visita al lugar de los muertos es la comida de las cabeceras. Con el nombre de cabeceras se conoce a los alimentos que se lleva para comerse justo en la dirección de la cabeza de los difuntos, indica el antropólogo Celso Lara, junto con bebida de licor blanco, que une a los antepasados con los vivos.

En la región central y oriental de Guatemala se ha acostumbrado que la cabecera esté compuesta por el fiambre y se acompaña de trago blanco, es decir una bebida embriagante transparente, como el ron o el aguardiente.

En otras partes del país consiste en platillos de verduras, como güisquil, ayote y maíz, con postres de jocote, ayote o garbanzos en miel. “Es una forma de compartir entre los difuntos y los vivientes”, afirma Lara. Según él, es una costumbre de raíces muy profundas por la cual los seres humanos han pretendido atraer las fuerzas positivas de las ánimas para que ayuden a los vivos, y de alejar los impulsos negativos.

De cualquier forma, es una manera patente de mantener el contacto con lo trascendente y de conservar las tradiciones que nos unen con generaciones pasadas, indica Hernández. En opinión de Lara es una costumbre que tiene un sólido futuro, ya que en lugares como San Juan Sacatepéquez, Salcajá y Todos Santos Cuchumatán, muchos jóvenes van a comer ayote y jocotes en las cabeceras de los difuntos que no tienen familiares que les visiten, para que todos disfruten de su día. Y es precisamente por la participación de los jóvenes que la tradición perdurará.

Una herencia milenaria

La costumbre de colocar ofrendas alimenticias en los lugares de reposo de los difuntos no es reciente. En el antiguo Egipto, hace 5,000 años, ya se practicaba, lo mismo en Mesoamérica.

Ricas ofrendas en platos y vasijas se han encontrado en numerosas excavaciones arqueológicas. Uno de los hallazgos más importantes se localizó en Abaj Takalik, donde cientos de objetos de cerámica contenían alimentos que se depositaron en la conmemoración de un monumento, indica la arqueóloga Christa Schieber de Lavarreda. La gran cantidad de ofrendas indica la importancia del acontecimiento.

En tiempos recientes, la decoración de los mausoleos o nichos también es una indicación de rango social, ya que muchos de los elementos decorativos son de precio alto, lo que se convierte en símbolo de status, apunta la historiadora Lilian Hernández.

Pero lo que hace esta tradición un elemento cultural de gran importancia es que la practica gran parte de la población, ya que todos, sin excepción, tienen alguien a quien recordar.

Unión de vivos y difuntos
La celebración del Día de los Santos, unida a la de Difuntos, culmina un ciclo de festividades en el año guatemalteco y, para darle un toque especial, la cocina tradicional ha establecido un platillo: el fiambre.

on base en un encurtido de vegetales, con diversas carnes y embutidos, el fiambre es una de las mejores expresiones de la tradición guatemalteca, "representa la pluriculturalidad y multiculturalidad de nuestra raza", dice el antropólogo e historiador Celso Lara.

Los habitantes mesoamericanos aportaron las verduras y los castellanos los embutidos, que a su vez habían tomado de los árabes. Pero la combinación peculiar se efectuó en las cocinas guatemaltecas.

Uno de los rasgos más importantes de esta mezcla es el paralelismo que presenta su integración de diferentes ingredientes, con un sabor definido y característico, con el mestizaje ocurrido en la región guatemalteca. Lara reconoce que en muchas sociedades hispano-americanas se elaboran platillos especiales para la fiesta de Todos los Santos y de Difuntos, pero la guatemalteca es única por la creatividad demostrada en la incorporación de productos tan diferentes al paladar y de orígenes tan diversos que confluyeron en la tierra primaveral de Guatemala.

Thomas Gage, un viajero que visitó Guatemala hacia 1625, ya mencionaba la existencia de "un plato frío, muy delicioso por cierto". Aunque, según Lara, existen referencias de este platillo hacia 1595. A lo largo de tantos años cada región le ha dado un sabor especial y cada hogar le proporciona el toque que le hace memorable y digno de comerse solamente una vez al año.

En la región central del país se come mezclado con remolacha, lo que le da un color morado. En la zona de Quetzaltenango y Quiché se le da un sabor agridulce al mezclársele varios granos, como maíz y cebada, pero no se le pone remolacha. En la parte de Jalapa, Zacapa y Santa Rosa se le sirve de forma separada o "divorciada", que consiste en ofrecer a los comensales en un plato las carnes y en otro las verduras, que parece ser la forma en que se originó el platillo.

Los habitantes de otras localidades del país practican diferentes costumbres. En Comalapa se prepara el "cocimiento", hecho a base de elote, güicoy y güisquil hervidos, acompañados de atol de elote y "cusha", una bebida embriagante. Elote, camote y güisquil asados son servidos en San Pedro La Laguna, Sololá.

En Petén, los niños salen por la noche del 31 de octubre a pedir Ixpasá para la calavera. El Ixpasá es una bebida hecha de maíz negro, la cual acompaña los bollos y tamales peteneros. Se vacían toronjas y se les hace una carita similar a la de las calabazas y adentro se les pone una velita. También se come dulce de ayote, molletes y jocotes en dulce y, por supuesto, el fiambre.

No importa la variante regional ni el lugar donde se coma, en cualquier parte del país se ofrece al comensal una agradable sensación al paladar que combina vegetales, especias, productos de origen animal y una larga experiencia culinaria que, mientras se prepara o se consume, es una manera de recordar a los seres queridos que han pasado el umbral de la vida.

Tradición que une

Es costumbre comer el fiambre seguido de un postre de jocotes, ayote, un tipo de calabaza, o garbanzos en miel. En algunos lugares se acostumbra comer el fiambre y el postre en los cementerios con el deseo de que tanto los parientes vivos como los muertos compartan los platillos.

La preparación del fiambre es una actividad que une a las familias. Cortar las verduras lleva mucho tiempo, porque generalmente se dejan en cuadros pequeños. Lo mismo ocurre con las tiras de embutidos, que deben ser largas y delgadas.

Entre las variantes se incluyen otras carnes, como la lengua salitrada, de res, y algunas recetas contienen sardinas y otros productos del mar; se sirve con pan o solo. Lo que le da un toque inolvidable al fiambre es la compañía de los seres amados, vivos o difuntos.

Anibal Chajón