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Arqueología

 

El nombre de Guatemala fue un apelativo dado por los tlaxcaltecas en el siglo XVI a la capital kaqchikel, Iximché, probablemente aludiendo a las cañas que defendían, al fondo de un foso, a la fortaleza de los soberanos.

Ya para entonces, la cultura nativa tenía más de tres milenios de constante desarrollo. Poderosos soberanos habían señoreado sobre vastas poblaciones, grandes reinas habían tomado importantes decisiones políticas, sabios habían desarrollado un complejo sistema para contar el tiempo y para escribir las hazañas políticas; los urbanistas habían diseñado ciudades enteras, tanto para la actividad agrícola como áreas de residencia de la elite y de la gente común. Los artistas habían creado regios monumentos en piedra y cerámica, los músicos habían enaltecido sus creencias religiosas, los sacerdotes invocaban el favor divino, los arquitectos habían levantado palacios y templos hacia los cielos y millones de personas habían dedicado sus vidas a la agricultura, comercio, artesanías e, incluso, la guerra.

Generaciones y generaciones de personas habían dado vida a poderosas ciudades, como Mutul, ahora llamada Tikal, que en su época de esplendor había contado con unos cien mil súbditos, según los cálculos poblacionales realizados por los vestigios de sus extensos campos de cultivos, con canales para riego. Kaminaljuyú había sido la urbe donde los sabios desarrollaron la escritura glífica, única manera de transmitir la información en todo el continente. Los habitantes de Abaj Takalik habían sido punto de fusión de diversas tradiciones culturales. Y como ellas, cientos de ciudades habían sido el escenario de múltiples hazañas humanas.

A lo largo de tantos siglos, se fueron desarrollando épocas de esplendor y conflictos. Por eso, los arqueólogos han dividido la historia de la región en tres grandes períodos, el Preclásico, que se extiende desde el segundo milenio antes de Cristo hasta el 250 de nuestra era, el Clásico, que va del 250 al 900, y el Posclásico, del 900 a 1500. Luego se considera una etapa de transición, en la que los grupos de la región ya tenían conocimiento de personas provenientes de otras partes del mundo y entraron en contacto con ellas, es el período Protohistórico, que va de 1500 a 1550.


Templo El Gran Jaguar en Tikal,
Jorge Morales

   

Durante tanto tiempo, los grupos fueron creando diversas expresiones políticas. De tal manera que Kaminaljuyú, Abaj Takalik, Monte Alto, Uaxactún y Zaculeu, conocieron épocas de esplendor durante el Preclásico.

Izquierda: proyecto Abaj Tajalik en Retalhuleu

Otras, como la misma Kaminaljuyú y Mutul, fueron escenarios de gran crecimiento durante la primera parte del Clásico. Pero las más famosas son las del Clásico Tardío (del 600 al 900), como la mayor expansión de Mutul, Quiriguá, Cotzumalguapa, Cancuén, Dos Pilas, Yaxhá, Yok'ib (hoy Piedras Negras) y muchas otras ciudades estado.

En esa época los soberanos mandaban a construir grandes calzadas, palacios, templos piramidales, plazas, campos de juego de pelota y grandes monumentos pétreos. Pero la guerra se fue convirtiendo en un problema endémico que afectó las actividades productivas y la tranquilidad de las personas, sobre todo en las áreas más densamente pobladas, lo que ahora es Petén. Esto obligó a grandes cantidades de gente a emigrar a otras partes, como lo narra el Popol Vuh.

Cuando en el Popol Vuh se cuenta que los señores que luego fundarían el señorío k'iche' viajaron a tulan (la gran ciudad) a obtener las insignias de poder, narra el hecho de que los militares de Ucanal fueron a la actual Ceibal, donde se erigieron en soberanos, para emigrar al sur, al centro del actual Quiché. Por eso llegaron del oriente, pues Ucanal está al oriente de Ceibal. Esta migración, como otras, dieron origen a nuevas expresiones políticas, que tuvieron éxito durante el Posclásico.

Cuando llegaron los españoles se sorprendieron del sistema dual de poder que seguían los mames, k'iche'es y kaqchikeles. Esto había permitido superar los grandes conflictos de poder que se sucedieron al final del Clásico en las ciudades estado. Por otra parte, los señoríos estaban formando estados más extensos. Esa era la importancia del lago de Atitlán, frontera entre esos tres grupos.

Cuando el viajero recorre los restos de tantas y tan poderosas ciudades puede conocer la lección del pasado, con sus guerras continuas que no condujeron al éxito sino al uso improductivo de los recursos. Sus descendientes parecen haber aprendido la lección, pues son gente pacífica que lucha por conservar sus tradiciones, muchas de las cuales se remontan a tiempos del Preclásico, y que son el gran atractivo cultural de la tierra del quetzal.

 
Por Anibal Chajón