| Reserva del Pinabete, Totonicapán: a la sombra de los árboles | |
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Hacía mucho tiempo que no tenía la oportunidad de disfrutar de las bondades de un sitio cubierto de árboles.
Me pareció increíble poder estar en un verdadero bosque y que éste estuviera tan cerca de la cabecera de Totonicapán y del entronque de la antigua carretera que conducía de este departamento a la ciudad de Guatemala.
Desciendo del vehículo y subo el cierre de mi chumpa. Hace frío pero el aire fresco me devuelve el ánimo. Al levantar la vista contemplo las altísimas copas de los árboles que se cimbran con el viento. Y no es para menos, pues estos árboles alcanzan fácilmente los 20 metros.A la sombra de los árboles. Ignacio, el guía que me acompaña, comenta que este bosque tiene 21 hectáreas, es el hogar del pinabete y debido a que esta especie se encuentra en peligro de extinción, la organización Uleu Che Ja -que en idioma quiché significa: tierra, casa y agua- ha decidido convertirlo en área protegida.
El principal propósito de esta organización es cuidar del bosque y de alguna forma involucrar a todos los lugareños para que dejen de cortar los árboles y se dediquen a otras actividades que les permitan ganarse la vida sin dañar el medio ambiente.
Ignacio es uno de los 20 guías graduados recientemente de la carrera de Ecoguías, que gracias al apoyo de Fundapaz han recibido la instrucción necesaria durante 125 horas, para hacer más provechosas las visitas de los turistas.
Iniciamos nuestro recorrido por uno de los senderos. El olor a tierra mojada nos rodea mientras emprendemos nuestro paseo.
Después de caminar durante un rato, encontramos un nacimiento de agua. Es increíble la fuerza con que el agua desciende de la montaña, formando interminables hilos plateados. Decidimos fotografiarlo mientras nos enteramos de que éste es sólo uno de los dos mil nacimientos de agua que alimentan al río Chixoy.
Pese a los esfuerzos de la organización, puede escucharse el eco de machetes y hachas con que las personas de comunidades cercanas hacen leña de los encinos y pinos. Para reducir al mínimo la tala de estas coníferas, los bosques están divididos en parcelamientos que están bajo el cuidado de familias comprometidas moralmente con la biodiversidad de este tesoro verde.
Conforme nos seguimos adentrando en este bosque continuo de coníferas, esperamos ver a alguna de las criaturas que lo habitan. Sabemos que hay ardillas, tacuacines, gatos de monte, venados, coyotes, aves como las torcazas y pájaros guardabarrancos.
Poco después llegamos a un claro, el cual ha servido a excursionistas como centro de operaciones, lugar ideal para acampar y de donde se puede visitar los miradores. Entre ellos se encuentra el de tambores abaj, o tambores de piedra. Se trata de tres cerros picudos, desde los cuales se puede apreciar la grandeza del lugar. Además, según los lugareños, cuando la lluvia cae con intensidad, el sonido que provoca al chocar sobre la piedra es similar al de un tambor, lo que dio origen a su nombre.
Mientras descendemos de uno de los cerros, el guía cuenta las anécdotas que le han trasladado los habitantes del lugar. Una de las más populares, es la que cuenta que, después de tres días, los tambores abaj se llenan de agua y retumban como gigantescos instrumentos de percusión y, según afirman las personas de las viviendas cercanas, el sonido de la lluvia puede escucharse a gran distancia.
De regreso, caminamos sobre otra parte muy importante de esta biosfera, el manto de pequeñas plantas y arbustos que sirven de alimento a muchas de las especies que habitan el lugar. Continuamos nuestra marcha cuidando de no pisar los pequeños hongos oreja de coche y los otros tantos ejemplares de las múltiples variedades. Aún no se cuenta con folletos impresos que contengan información más detallada del bosque, pero Conap está actualmente realizando estudios para documentar la riqueza de su flora.
Ya casi al final del sendero me voy despidiendo de las orquídeas, de la melodía de las ramas moviéndose al compás del viento, del frondoso horizonte que ondea al viento y del frío aire cargado de agua que nos invita a regresar.
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Uleu Che JaEl proyecto de ésta está dividido en dos fases, una que comprende la educación ambiental y otra encaminada a la protección de las 21 hectáreas que conforman el bosque. A pesar de que se trata de una propiedad municipal, el objetivo de la organización es convertirla en área protegida. La preocupación de conservarla radica en que esta región es la reserva más grande de árboles de pinabete de la parte occidental del país.
Dentro de los principales objetivos del programa están:
- conservar los nacimientos de agua
- proteger los árboles, en particular la especie del pinabete
- crear alternativas económicas para la recepción de ingresos en lugar de la tala de árboles.
Apoyo de entidades Además de la colaboración de Fundapaz, el proyecto está financiado en 80% por el FIS, y el restante 20% por el programa de preservación de la ONU.
En la actualidad se están preparando terraplenes donde se construirán cabañas para que sus visitantes puedan disfrutar de este bosque.
También se tiene pensado acondicionar áreas para camping, en donde los visitantes puedan disfrutar de una experiencia única y enriquecedora.
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