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Tobic: paladar para todos

En la región de Totonicapán se elabora un platillo que ha adquirido características regionales, es el tobic, vocablo que significa "hecho por todos juntos", que evoca el gran simbolismo del trabajo comunitario y del placer de comer en compañía de los seres queridos.

Preparado con verduras, entre las que destacan güisquiles, papas, coles, zanahorias y repollos, el tobic es un platillo a base de recado que se sazona con comino, pimienta achiote, cebolla y tomate. El aporte proteínico lo brinda la carne.

Esta comida se sirve en escudillas de barro y se come en ocasiones especiales, como bodas y las fiestas de la comunidad. Se acostumbra poner en la mesa una botella de chile en polvo para terminar de sazonar y que cada comensal agregue la cantidad de ají que considere conveniente.
El tobic, como las comidas de fiesta y de consumo cotidiano en toda el área mesoamericana, tiene hondas raíces prehispánicas. El caso del tobic sería, como el de otras recetas que han llegado hasta el presente, una derivación del pulique prehispánico. El hecho de ser favorito en las fiestas patronales y celebraciones sagradas y profanas indica la importancia del platillo, aunque aún no se ha investigado el simbolismo del mismo, indica el antropólogo Celso Lara.

Hay referencias del tobic incluso antes de la Conquista, en la época colonial adquirió su actual forma de preparación, como el uso de la papa.

Aunque se consume en otras partes de la región mesoamericana, el tobic se ha convertido en característico de la región kich'e. Los lugares más importantes donde se prepara la receta son Totonicapán, San Cristóbal Totonicapán y parte del departamento de Quiché, indica Lara. En palabras del antropólogo ³quedó prendada allí y es su plato principal².

El repertorio gastronómico de los totonicapenses también incluye el pepián, un plato hecho a base de recado con carne de marrano. Además, es posible encontrar otro platillo de condimentado sabor, es el estofado, el cual se hace con tomillo, laurel, pimienta, chile guaque y chile pimiento. Para acompañar el estofado se acostumbra servir tamalitos simples, hechos a base de masa de maíz envuelta en hojas de maíz o tusas, y cocida. Gracias a no estar condimentados, los tamalitos no interfieren en el sabor del estofado

Los postres no pueden quedarse atrás. Por esa razón es fácil encontrar el pan de yemas, que se disfruta mucho más si se acompaña con café. Para agradar a los aficionados a los sabores dulces está una bebida denominada joch, que es un atol preparado con granos de maíz, con chocolate. En tiempos prehispánicos la bebida del cacao cumplía funciones rituales y marcaba la riqueza de las personas, luego los españoles alteraron el sabor al mezclarle azúcar, con lo que se convirtió en chocolate. Por eso, el joch es una evolución que expresa el mestizaje cultural que se ha vivido en la tierra del señorío kiché.

Cuando los frailes españoles llegaron a la región mesoamericana descubrieron que a los nativos les encantaba el comercio. Gracias a las conexiones de intercambio se mezclaron ideas, costumbres y productos, que determinaron la riqueza del sabor en el Altiplano. Una heredera de tan añeja costumbre es la señora Teresa Cruz, en sus manos han pasado las recetas centenarias que agradan al paladar lugareño. Cruz tiene 18 años de trabajar haciendo comida y vendiéndola en el mercado de Totonicapán, las viejas tradiciones de intercambio y de preparación de alimentos seguirán vivas en personas como ella, que hacen del pasado un presente en cada platillo.

Redacción viajes