| Valle de San Buenaventura en Atitlán | |
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En el valle de San Buenaventura, que se ubica a orillas del lago de Atitlán, se encuentra una reserva ecológica de más de 100 hectáreas de bosques que dan vida a innumerables especies silvestres.
Al llegar a este rincón verde, lo primero que salta a la vista es un huerto de especias aromáticas que logran confundir el olfato por su profundo efluvio. Si sigue por el sendero cruce a mano derecha para entrar directo a un espléndido bosque, con más de 180 mil árboles, que permiten conjugar el arrullo del viento con el canto de las aves, en un maravilloso concierto natural. Cuando se ingresa a la Reserva Natural, el visitante encuentra material informativo acerca de la formación del lago de Atitlán, de fenómenos naturales como el xocomil, de distintas especies que se encuentran en vías de extinción, así como otras que ya han desaparecido para siempre.
Los senderos interpretativos conducen hacia rústicos puentes colgantes que permiten visualizar el recorrido de un río, que en época de verano parece consumirse con los rayos del sol y que en invierno arroja sus aguas hacia los sembradíos de cebolla y ajo.
Los árboles que salen al paso parecen saludar al visitante, mientras los letreros al pie de su tronco informan en español, inglés y francés su nombre científico y común para dar una idea de la biodiversidad de la zona.
No es de extrañar que al ascender a la cascada salga de su escondite algún pizote o mapache, o bien un jilguero o perico. Dentro de la diversidad de esta reserva se encuentran también culebras y lagartijas de color verde esmeralda.
Ya en la cascada de 23 metros de altura, las rocas presentan deformaciones causadas por el agua, como cicatrices que traspasan los límites del tiempo. Además, cautivan al turista que puede apreciarlas mejor desde un puente colgante de más de diez metros de longitud.
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De regreso, es imprescindible pasar por el mariposario que cuenta con 5,625 metros cúbicos de espacio para volar, un laboratorio para las crisálidas y pupas, el cual brinda información sobre el ciclo de vida de estos animales.
En esta área hay más de dos mil plantas y 500 mariposas, de las cuales cerca de 25 especies son nativas de Guatemala.
Otro atractivo importante es el vivero de orquídeas que se ubica dentro del mariposario y actualmente cuenta con cerca de 50 especies de las 500 existentes en el país.
Recorrer cada camino es acercarse un poco más a un ciclo de vida natural que demuestra que "el león no es como lo pintan", y que de una incipiente oruga surge la más bella expresión de color y forma.
Para terminar el recorrido, es aconsejable acercarse hasta la pequeña playa de la Reserva, que ofrece una vista impresionante del lago y sus volcanes. Desde ahí, bien vale la pena alquilar un kayac y dar una vuelta mientras las aguas del lago de Atitlán susurran el misterio de su belleza.
Más para descubrirOtras actividades a realizar después de la visita a la reserva podría ser una caminata a los poblados más cercanos tales como San Jorge, San Marcos o Santa Cruz. En este último existe una escuela de buceo donde se ofrecen interesantes paquetes para explorar el enigmático lago, o si lo prefiere, escalar el cerro del Zope y desde ahí contemplar un precioso atardecer.
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