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Guatemala cuenta con cadenas montañosas y 33 volcanes, entre éstos el Acatenango, el tercero más alto con 3,997 metros sobre el nivel del mar. Es considerado por muchos como el volcán más hermoso de Guatemala.
Los paisajes montañosos y nubosos que se observan desde su cima son fantásticos, incluyendo la línea costera y el mar, un premio innegable para quien logra alcanzar la cumbre.
Mirador del Lago de Atitlán
Desde lo alto del volcán se puede percibir la curvatura de la tierra, pero sorprende más la vista del azul Lago de Atitlán, rodeado de montañas y tres volcanes: Tolimán, San Pedro y Atitlán.
Por la topografía de Guatemala es común ver montañas alrededor. Por ello, aunque existan destinos turísticos cercanos entre sí, a veces la incapacidad de verlos de punto a punto altera nuestra percepción de las distancias. Esto explica la sorpresa de los montañistas al ascender al Volcán Acatenango, porque pueden ver desde un solo lugar casi completa la cadena de volcanes del país, la Ciudad de Guatemala, La Antigua Guatemala, Atitlán y el mar.

Constancia es la clave
No es un volcán para principiantes. Requiere un alto grado de esfuerzo físico para completar el ascenso, pero los verdes senderos y bosques que acompañan a quien se adentre en esta aventura son un premio de por sí.
Es un entorno por completo natural y la única forma de ver este hermoso paisaje es luego de siete horas de caminata, promedio para primerizos y cinco horas para expertos.
La fecha ideal para ascender este coloso es desde octubre hasta principios de enero, ya que los cielos azules y despejados son inigualables.
Se pueden contratar tours especializados con guías multilingües en La Antigua Guatemala, para ascender durante todo el año cualquiera de estos volcanes, incluyendo el Pacaya.
Héctor Roldán
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