Viaje a Guatemala

Antigua Guatemala

Una historia en la jungla

El Parque Nacional Tikal se encuentra a 550 kilómetros al norte de la Ciudad de Guatemala, en la región del Petén. La vegetación se hace más exuberante y la temperatura va subiendo, a medida que te acercas a la selva húmeda tropical. El parque comprende 576 kilómetros cuadrados, pero el área preparada para los visitantes abarca sólo 17 kilómetros cuadrados.

Durante el trayecto de ida también va creciendo la ansiedad. Los primerizos expresan la emoción de estar por cumplir un sueño: conocer la tierra donde habitaron los antiguos mayas. ³No me puedo morir sin conocer Tikal², sostienen. El parque genera muchas expectativas y el flujo de turistas es permanente. Para los foráneos la entrada a la zona protegida es de Q50.00, mientras que los guatemaltecos pagan Q15.00 y los domingos la entrada es gratuita.

Si bien el parque está bien señalizado y los accesos son fáciles para recorrerlos a pie, lo apropiado es ir con un guía experimentado para aprender a cada paso, ya que se trata de una de las ciudades mayas de mayores dimensiones. En 1979 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, dada su importancia arqueológica, antropológica y su riqueza natural.

Antes de iniciar el recorrido hay que hacer una parada obligatoria en el Centro de Visitantes, localizado a pocos metros de la entrada del parque. Allí se puede ver una maqueta gigante con todos los templos, la cual te ayudará a orientarte y no perderte durante la visita. Además aprovecha para adquirir película fotográfica y comprar agua, antes de la larga caminata.

Ya en el camino, hacia la derecha del Centro de Visitantes, empieza la ruta principal, que a pocos metros se bifurca en los senderos que llevan a los templos. Primero se divisa uno de los estanques ³que crearon los mayas para reservorio de agua de lluvia, ya que la región carece de ríos o lagos. Actualmente, en la Cisterna Tikal viven cocodrilos que se dejan ver cuando las aguas están bajas², indica el guía Salvador Trujillo.

Desde ese punto hay varias formas de encarar la caminata, una de ellas puede ser comenzar por el Complejo Q de las Pirámides Gemelas. Este sector está cubierto por un manto de misterio, ya que sólo una de las estructuras está descubierta en sus caras norte y oeste. El resto de los monumentos están tapados por la vegetación y sólo se ven los montículos.

A pocos metros de ahí, enfrente de la pirámide, está el Palacio de las Nueve Puertas, residencia de la elite maya. Según Trujillo: ³Es probable que ese palacio haya pertenecido al Señor de los Bosques². Su interior guarda la Estela 22 y su altar, ambos cubiertos por un techo de paja, a la que aún se le notan sus colores originales: rojo y azul.

El Gran Jaguar, símbolo de Tikal, encierra la riqueza del mundo maya.
El plato fuerte

Al seguir por el mismo sendero se llega a la Calzada Maudslay, que desemboca en el Templo IV. El más alto de Tikal y uno de los pocos en donde está permitido escalar. Desde la base, aún no puede vislumbrarse todo su esplendor. Las empinadas escaleras de madera son el próximo desafío a los que buscan sumergirse para siempre en la fantasía que propone el parque. Basta con ver las caras de quienes llegan a la cima, después del forzado ascenso de 70 metros para comprender su inmensidad.

³El que no sube al Templo IV no vino a Tikal² sentencia un extasiado turista. Y no es para menos, porque la perspectiva desde lo más alto de la ³Serpiente Bicéfala² ofrece un panorama único. Los picos de las pirámides emergen entre las copas de los árboles y el cielo oficia de techo infinito, en la postal más impresionante de Guatemala.

Sin muchas ganas de bajar, es hora de seguir el camino. Tomando la Calzada Tozzer se llega a la siguiente etapa: el Mundo Perdido. Este complejo de 38 construcciones da una pauta del nivel de desarrollo de la antigua civilización. ³Se trata de un centro de observación astrológica, lugar de reunión de científicos y sabios², explica el guía. Si te han quedado fuerzas, allí también se puede subir a otra de las pirámides y, aunque a la belleza del paisaje se agrega una cuota extra de energía, es imposible resistirse al ascenso.

Todavía queda mucho para ver en Tikal. A 400 metros del Mundo Perdido se halla la Plaza Central, centro de la vida social, económica y religiosa de esta milenaria ciudad. Es el lugar ideal para sentarse en el césped a descansar e imaginar cómo se vivía en el corazón del Imperio en el año 700 después de Cristo. Es difícil elegir qué mirar primero ante tanta majestuosidad.

Pero un punto llama poderosamente la atención, el Templo I, el célebre Gran Jaguar, con 45 metros de altura, el cual fue construido sobre la tumba del rey Ah-Cacau. Es la tumba más rica de Tikal, en su interior se hallaron cientos de piezas de jade, de hueso, grabadas y perlas. En la parte superior se ve la puerta de acceso a tres pequeñas habitaciones, aunque en la actualidad está prohibido subir a lo más alto, para que se conserven los 300 escalones de piedra y la estructura en general.

El monumento vecino al Gran Jaguar es el Templo II, el cual tiene la fachada decorada con máscaras de estuco. Aún pueden distinguirse las formas en la parte de arriba y es el perfecto complemento para el Gran Jaguar. ³En la actualidad mide 38 metros, pero se estima que tenía casi la misma altura que el Templo I², precisa el guía.

Los turistas se entusiasman subiendo a las pirámides.

Este parque también cuenta con una importante reserva de flora y fauna nativa. Al promediar la tarde, un ruido ensordecedor asusta a los distraídos: los monos aulladores se comunican entre sí desde diferentes puntos, a largas distancias. No pueden verse porque se esconden de la gente, pero la presencia sonora es imponente. También es el anuncio de que el paseo ha llegado a su fin, ya que a las 17:00 horas el parque cierra sus puertas para volver a abrirlas a las cinco de la mañana del día siguiente.

Una sola visita no alcanza para conocer el Parque Nacional de Tikal. Todo lo que puedan contarte es poco, ya que tienes que ver Tikal con tus propios ojos para entender por qué sienten orgullo ajeno los extranjeros e infla el pecho de todos los guatemaltecos que han pisado este suelo.

La Plaza Central permite sentarse a tomar un respiro.
Los primates

Tanto en el amanecer como en el anochecer, la voz de los habitantes del Parque Nacional Tikal se hace escuchar. Los monos aulladores macho tienen un saco en la garganta que actúa como un resonador para amplificar sus voces.

Suelen agruparse en pequeños grupos que conforman un macho adulto y de cuatro a ocho hembras con sus crías. Todos los integrantes de la tropa se alimentan, duermen y viajan juntos.

Se cree que emiten este sonido para delimitar su espacio, y así evitar que las manadas se junten y se peleen.

Otra especie que abunda en la región son los monos araña. Estos primates anidan en las copas de los árboles, y sólo bajan para beber agua.

Los monos araña son activos, su cuerpo es esbelto y se columpian con agilidad de rama en rama.

Fuente: Maravillas de la fauna guatemalteca, Lorena Calvo.

Carolina Pórfido

 

 

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