| Peten |
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Muchas personas llegan a Tikal diariamente, pero pocos son los afortunados que asoman a su parque tras el Templo IV. Después de ocho horas de camino llegamos a la más conocida de las ciudades mayas.
Tikal estuvo habitada del 800 antes de Cristo al 900 después de Cristo y permaneció oculta por la selva hasta principios del siglo XX. En este sitio sobresalen construcciones magníficas, reflejo de una cultura poderosa. El Templo IV cuenta con 70 metros de altura y es hasta el momento la estructura más grande de todas las ciudades mayas.
Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Asimismo, reúne en un parque de 576 kilómetros cuadrados una gran variedad de flora y fauna. Este lugar ofrece, además, la oportunidad de visitar dos museos, el de las Estelas con réplica de piedras talladas, y el Sylvanus Morley, que exhibe objetos de cerámica, huesos, piedra, concha y jade.
Son muchos los recuerdos que conservamos del viaje. Con los ojos emborrachados de verde y los sentimientos a flor de piel escuchamos las descripciones de La Mansión del Pájaro Serpiente. Sin embargo, en algún momento se llega a pensar: ¿y si esto termina? ¿y si esta maravilla no pudiera salvarse de la depredación?
Mientras tanto la Linda Morena y la Chatona bailan al compás del Caballito de Tata Vicente, la gente del Petén continúa alegre, receptiva, olorosa a Ixcajahuay (flor que huele de noche) y por supuesto, orgullosa de ser la cuna de la más grande civilización que es mucho más que Tikal.
Gracias a la nueva carretera, se puede llegar a Poptún en tan sólo 45 minutos, ahí se encuentran una gran cantidad de sitios arqueológicos tales como Ixcún, Ixtontón, Sacul, Ixtutz y las cuevas de El Carrizal y de San Miguel, así como la reserva forestal de Santa Amelia Xutilhá y de Chiquibul.
Llegando hacia la Villa de los Castellanos, es fácil conseguir un tour hacia algunos de estos sitios o bien dar un paseo por los senderos interpretativos al margen del río Machaquilá. Aquí, ayudados por tubos de llantas, se inicia una aventura a través de los rápidos. Dos horas de navegación bastan para embriagarse de naturaleza y colorido a la vez que inyectarse de adrenalina dispuesta a aflorar en los demás sitios arqueológicos. Al terminar este recorrido por el río, puede descansar en las cómodas cabañas de Villa de los Castellanos, o bien dar un paseo por su vivero medicinal.
En Ixcún, en el municipio de Dolores, se contemplan montículos que preservan tesoros invaluables de arquitectura maya. Más al centro, se erige una monumental estela maya de más de tres metros de altura que narra el encuentro de dos principes mayas. Después en Naj Tunich, al este de Poptún, se aprecian inscripciones mayas con 455 jeroglíficos, 43 figuras humanas, 17 perfiles, dos figuras de animales y tres grupos de huellas humanas. Destacan también imágenes eróticas y de autosacrificio, que son quizás las únicas manifestaciones de sexo que registran las inscripciones mayas.
El Zotz, la ruta del Murciélago
A tres horas de Santa Elena se encuentra el Zotz. Ésta es la palabra con la que los mayas llamaban al murciélago y es en este sitio arqueológico casi inexplorado donde se levanta un gigantesco peñón que alberga en sus cavernas a esos seres condenados a la oscuridad. En esa región habitan 43 especies de murciélagos, tres de ellas corresponden a vampiros que se alimentan de sangre. Este mamífero nocturno temido por muchos, posee una alimentación variada, insectos, frutos, néctares, aves, peces y es el responsable de la polinización y propagación de cientos de especies naturales a lo largo de toda la selva.
Poco antes de la caída del sol, es preciso prepararse para contemplar el espectáculo más grandioso que ojos humanos pueden admirar. Mientras el rumor de sus alas va en aumento, miles de murciélagos salen volando del peñón rumbo a la selva oscura formando hileras negras en el firmamento. En lo alto, el halcón esperaba con ansia a sus futuras presas y es ahí donde la historia de la conservación en la selva es palpable y visible.
Colgar una hamaca parece de lo más sencillo, pero toda la práctica se pierde a la hora de colocarle el mosquitero y entrar en ella. Ya en la oscuridad, los ruidos de la selva empiezan a sentirse. Este ruido, sumado a los ronquidos del fotógrafo y los guías, el gemido de los monos y el zumbido de los mosquitos, grillos y chicharras, aumenta en el transcurso de la noche. Las cucayas titilan en la espesura donde la profundidad de la selva conserva esa energía guardada por siglos y, créalo o no, el resonar de tambores y flautillas se escucha a lo lejos, mientras el Zisimite insiste en trenzarle la cola a los caballos y, por qué no, a la compañera de cabello largo.
El amanecer llega con sonidos estruendosos y profundos, a lo lejos los monos gritan, los gallos insisten en vociferar que el día ha llegado y los loros y otras aves emprenden el vuelo quién sabe a dónde. Es hora de montar las bestias y emprender el camino hacia Yesal. Una parte del recorrido se hace en caballos y el resto a pie. Son más de 29 kilómetros entre la selva espesa, misteriosa y en ocasiones traicionera.
Mientras el calor invade nuestros cuerpos y el cansancio se hace más notorio, las sandías que trajeron los guías nos llenan de energía. Como Hanna de la selva, avanzamos entre matorrales, troncos y vegetación cada vez más espesa. Ya en el campamento del Yesal recordamos lo que es un breve descanso, para de nuevo emprender la marcha en busca de los templos perdidos.
Así llegamos hasta el Mirador de Olivia, desde donde se admira gran parte de ese mundo verde y misterioso. Más adelante el Templo de Sally nos permite conocer cuán celosos son los espíritus que moran en la espesura. Pues dependiendo de quien esté enterrado en el templo, serán los sueños de quien ose descansar en su cumbre. Y seguramente los restos de algún príncipe descansaban en el templo, pues los pensamientos de las mujeres de la excursión curiosamente coincidían y fueron hermosos. En cambio, los hombres empezaron a sentir una pesadez inexplicable, y como un temor que se hizo palpable, por lo que fue preciso continuar el viaje. Otro aspecto importante en la vegetación es la abundancia de plantas tóxicas que inflaman el cuerpo inmediatamente y que los campesinos han dado por llamar ³mala mujer², pues abundan en todas partes.
Isla rodeada de agua
Esa es la tierra de Petén, y este fue el nombre que nuestros antepasados le dieron a la cuna de la civilización más grande que ha existido. Este departamento alejado de lo que nosotros conocemos por civilización y olvidado por los gobiernos, es un tesoro escondido que abriga cultura, flora, fauna y una gente maravillosa que recibe al visitante con los brazos abiertos, regalándole los paisajes más hermosos y los momentos más emocionantes.
Es aquí donde pasado y presente se entrelazan y cobra vida un mundo distinto tapizado de verde y bañado de ríos, lagos y lagunas. La Isla de Flores es, además de un atractivo turístico, la base del reino de los Itzáes. En este lugar las románticas leyendas endulzan el oído del visitante que busca incansablemente entre las ninfas del lago la figura de la princesa Ixmucané.
Pese a su exuberante y selvática vegetación, Petén cuenta con infraestructura y servicios suficientes para que el visitante se sienta como en casa. Hoteles, posadas, hospedajes, restaurantes, bares, tiendas de artesanía, supermercado y discoteca todo a poca distancia.
Redacción viajes |