La bruma cubre parcialmente el cielo y nuestros ojos, a través de la ventana del avión, no llegan a contemplar lo que la selva esconde. Son apenas las ocho de la mañana y descendemos del avión para recoger nuestro equipaje.
Afuera, la selva petenera nos espera para mostrarnos todo su esplendor y embrujarnos con su magia. Así, luego de aspirar un poco de ese aire abrasador, empezamos el camino hacia Sayaxché, por donde transcurre el impetuoso río La Pasión.
Después de proveernos de lo necesario, agua, repelente y baterías en La Selecta, el único supermercado de la región, empezamos un camino de aproximadamente una hora, atravesando Santa Elena y San Benito de Palermo. El camino está rodeado por otras comunidades, como San Francisco y La Libertad. Y mientras los ojos se tiñen de verde por los árboles y la sabana, nos invade la ansiedad incluso antes de llegar al ferry y la lancha que nos esperan.
La pasión se desborda La exuberante vegetación empieza a reflejarse en el agua del río y en los 45 minutos de recorrido garzas, cocodrilos, tortugas y halcones aparecen por doquier. Mientras el motor de la lancha ruge, los rayos del sol empiezan a penetrar en nuestra piel haciéndonos sentir como Carazamba en la imaginación de Virgilio Rodríguez Macal. Tonos verdes, cafés, violeta y amarillos decoran el lugar donde algunas raíces insisten en flotar en ese río que siglos atrás sirviera como vía de comercio de nuestros antepasados.
A medida que la lancha avanza, el guía señala las especies endémicas de la región que retozan en esa agua color esmeralda. Y es que de 26 especies de cocodrilos existentes en Latinoamérica, el río La Pasión alberga dos de ellas que pueden llegar a medir de tres a seis metros de largo y que lamentablemente se encuentran en peligro de extinción, a causa de los cazadores mexicanos que utilizan su piel para la fabricación de zapatos y cinchos.
La sombra de los pájaros caracoleros se marca en el agua, 27 especies revolotean en el cielo mientras siete especies de tortugas se deslizan velozmente -pese a su fama de lentas- por la corriente del río. Saber sobre ellas es fascinante, pues aunque viven en agua dulce, originalmente estas tortugas y muchos peces que habitan el río provienen de agua salada. Esto se debe a que el río La Pasión tiene su nacimiento en el río Cebol, éste a su vez se comunica con el río Salinas y luego el río Usumacinta, que tiene una conexión con el río Grijalva, el cual cae en el Golfo de México.
En el río La Pasión existen más de 357 especies de peces de las cuales 45 son endémicas de la región. Y por si esto fuera poco, la riqueza de la fauna petenera acumula 600 especies de aves, 300 endémicas de la región. Mientras el rumor del río continúa luchando contra el motor de la lancha, se encuentra la bifurcación del río San Martín, donde unos lugareños se entretienen pescando algún blanco, que además de ser exquisito, constituye una fuente de ingresos para las personas que viven en las márgenes del río.
Pero la fauna no es lo único exagerado en esta tierra maravillosa. La flora se luce con más de 150 especies de plantas medicinales en la cuenca del río, así como de árboles maderables, donde se esconden los intrincados secretos de la gran civilización mesoamericana: la maya.
 |
CeibalEste es el más importante de los 32 sitios arqueológicos ubicados en el área de Sayaxché. Este asentamiento Maya del Clásico Tardío, está situado sobre una escarpa caliza, a unos 100 metros sobre el nivel del río La Pasión. Posee un centro ceremonial de casi un kilómetro cuadrado, sobre 3 colinas separadas por grandes hondonadas.
Así, mientras estructuras y estelas se yerguen sobre la vegetación, el sonido gutural de los monos aulladores y las aves invitan a seguir por un camino sembrado de ceibas, árbol sagrado maya que marca los puntos cardinales con sus raíces y que en su copa sostiene el cielo azul. Este árbol era importantísimo para los arquitectos mayas, quienes lo sembraban 20 años antes de empezar a edificar un templo, pues servía de guía para la construcción. Además, se dice que con su sombra cobijaba las 13 almas de los dioses del supramundo y en las raíces las nueve deidades del inframundo.
Aunque el recorrido está planeado para un par de horas, se necesitan tres días aproximadamente para conocer a cabalidad los 22 kilómetros de extensión del parque. Aún no llegamos a la primera estructura cuando un sonido hueco llama nuestra atención. Es un pájaro carpintero de cabeza roja encendida y plumaje azul que busca su alimento entre los troncos de un árbol. Llegando a una de las dos estructuras descombradas se encuentra una figura del mundo que originalmente estaba sostenido por cuatro monos, antes de que tres de ellos desaparecieran en manos de los depredadores.
Al caribe
De regreso de Ceibal, tomando la bifurcación del arroyo Caribe, entre vegetación y susurros de aves, se encuentra Posada Caribe, un precioso espacio para descansar y disfrutar de la naturaleza.
Al día siguiente, tomamos de nuevo la lancha rumbo a Aguateca. La belleza de la laguna de Petexbatún, que por el río del mismo nombre fluye en el de La Pasión, conduce la lancha hacia ese escondido sitio arqueológico. Debido a la temporada la lancha se desliza esquivando piedras y troncos de árboles que sobresalen a una altura de escasos centímetros del suelo. Catorce kilómetros después y dejando atrás Dos Pilas, Punta de Chimino y otros históricos lugares, descendemos por un camino repleto de cilantro silvestre.
Esta región fue habitada en el período Preclásico Tardío, 200 años antes de Cristo al 150 después de Cristo. Una arquitectura construida encima de bases amplias y planas a las que los arqueólogos llaman plataformas. Luego, fue abandonada por casi cuatro siglos y fue rehabilitada en el período Clásico Tardío, 600 a 850 después de Cristo. Lo más impresionante de este sitio es la enorme falla geológica que servía de muro de contención de la ciudad.
Aguateca es, junto a Topoxté, el único sitio arqueológico que presenta bases cilíndricas. Posee también enormes miradores que permiten contemplar la magnitud de una selva que insiste en mantener ocultos los ecos de la sabiduría y la grandeza.
Yaxhá, piedra de agua En el noreste de Petén se encuentra una de las más bellas manifestaciones de la naturaleza, la Laguna de Yaxhá. Esta región pertenece al sistema de lagos de Petén central y se caracteriza por una hilera de lagunas orientadas este-oeste esparcidas en un área de más de 100 kilómetros. La laguna de Yaxhá es uno de los cuerpos de agua que se encuentran más al este del sistema de lagos. El sitio arqueológico de Yaxhá se localiza en la ribera norte de la laguna del mismo nombre y se extiende sobre la colina por tres kilómetros.
El paisaje natural está conformado por relieves inclinados de roca caliza cerca de la orilla de la laguna. Cuenta con 500 edificaciones, de las cuales pocas han sido descombradas, juegos de pelota y una serie de estelas y cerámica que reflejan la forma de vida de sus habitantes. Nada mejor que contemplar el atardecer desde el templo 216, desde donde además se contempla el observatorio astronómico con una extensión de 180 metros. Por la noche se puede dar un paseo en lancha y con la ayuda de una linterna alumbrar a los lagartos que pernoctan en las plácidas aguas de la laguna. Descansar no es un obstáculo en Yaxhá, el Ecolodge El Sombrero ofrece una visión distinta de lo que es un hospedaje y transporta al visitante a la vida de nuestros antepasados, mezclando así comodidad y naturaleza.
|