Desciendo del avión en Santa Elena Petén y casi sin meditarlo subo a un bus que se dirige a Sayaxché. Una hora después cambio de transporte, ahora en una lancha me encamino a Ceibal. Me espera una hora de recorrido por el río La Pasión y un paisaje verde, como el jade, se presenta ante mis ojos.
La lancha llega hasta el muelle y mientras desembarcamos, el guía nos recuerda aplicarnos más repelente y no perdernos del grupo. Unos minutos después estamos listos y nos dirigimos al sitio arqueológico. El sendero es estrecho y empinado, las lluvias del día anterior han dejado el suelo resbaloso y pasado un par de minutos no puedo evitar tocar el suelo, como si quisiera conocer mejor el territorio. Ceibal, tras pasar inadvertido durante el Período Clásico, creció rápidamente a partir de entonces, hasta tener una población de unas diez mil personas alrededor del año 900 antes de Cristo. Durante el período Posclásico Ceibal entró en decadencia y sus templos fueron cubiertos por la espesa selva.
Este sitio arqueológico se localiza a 12 kilómetros al este de la cabecera municipal de Sayaxché, sobre la ribera oeste del río La Pasión. Fue declarado Parque Arqueológico, según un acuerdo del Ministerio de Educación en 1985, asignándole un área de protección de 17,612 kilómetros cuadrados. El primer reporte que se tiene del sitio fue hecho por Federico Artes en 1892; el primer investigador que lo visitó fue Teobert Maler, quien le asignó el nombre de Ceibal.
Ruido de algunos insectos, el toc toc de un pájaro carpintero y el revoloteo que ocasiona al pasar un mono aullador, capta la atención de todos los presentes. Nadie habla y todos observan el camino, los árboles y el cielo.
Se compone de un centro ceremonial que cubre un área aproximada de un kilómetro cuadrado. Los 31 monumentos esculpidos con jeroglíficos, en piedra caliza, corresponden a la última fase del período Clásico, y lo más representativo es la apariencia de los personajes en sus estelas.
El paseo fue breve, porque muchas de las estructuras aún se encuentran cubiertas por vegetación. Sin embargo, la belleza de las estelas que se encuentran en Ceibal y el marco natural que lo rodea, hacen de este lugar un sitio especial que no deben dejar de visitar quienes viajan a Petén.
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