Viaje a Guatemala

Antigua Guatemala

Volcán de Ipala, el vigía de oriente

En el departamento de Chiquimula, el volcán de Ipala es una de las combinaciones naturales más bellas que se pueden ver en el país, una formación nacida del fuego interior de la tierra que ha dado cobijo a una laguna rodeada de verde vegetación.

Desde el aire, sería un verde iris con una penetrante y brillante pupila que reflejara el cielo. Desde tierra, la visita al volcán de Ipala es una de las más cómodas para los amantes del montañismo. Si se parte desde la ciudad de Guatemala, se sigue la carretera hacia Jutiapa y se continúa el trayecto hacia Catarina Mita, para llegar a Agua Blanca. Hasta aquí las carreteras están señalizadas, pero existen diferentes indicadores que te pueden confundir, por lo que debes tener bien claro cuáles son las diferentes opciones para el ascenso.

Si escoges el primer desvío marcado con Agua Blanca, podrás optar por subir por el llamado cerro Monterrico, un camino que exige preparación y guía especializado. Pasado el cruce de Agua Blanca existe un desvío señalizado como ³A la laguna², éste lleva a la aldea de Monterrico y es la ruta que mejor permite el acceso de vehículos, ya que por los otros trayectos habrá de contar con doble transmisión para ascender con automóvil.

Anclada en piedra

Desde aquí el camino hacia la cima es cómodo para andar, siendo adecuado para todo tipo de personas. El ascenso se realiza por un tramo de poco desnivel y claramente delimitado, lo que hace que la travesía sea fácil y agradable, requiriendo tan sólo de una hora y media. Sin embargo, los amantes de rutas más independientes y extremas cuentan con la posibilidad de aventurarse por alguna de las poblaciones que se encuentran a la ladera del volcán, pertenecientes al municipio de Ipala. Siempre requiriendo de la ayuda de guías locales que por un precio simbólico te llevarán hasta la cima.

Quizás una de las rutas más bellas sea la de la pequeña localidad de Chaparroncito que con 600 habitantes recibe a los excursionistas con entusiasmo. Se trata de una ladera empinada en donde la negra piedra volcánica destaca en grandes formaciones, creando gradas que se adentran en la espesura.


La fuerza pétrea se rompe con la imponente belleza de vegetación que se asoma por cada grieta o juntura, generando un curioso jardín en el que los lugareños construyen sus modestas viviendas. La senda serpentea por entre una pradera en la que los amantes de la botánica podrán disfrutar de diferentes especies florales, como los amarillos timboques que adornan el paso.

Fuente de vida

A la altura de 1,493 metros se encuentra la transparente laguna que muchos atribuyen a un nacimiento subterráneo de agua. Es un pequeño cráter rodeado de diferentes arboledas, entre las que destaca un bello cipresal. Es, por tanto, uno de los lugares preferidos por los montañistas para acampar. El sitio está acondicionado para instalar las carpas en zonas protegidas del viento que permiten hacer fogatas en la noche.

Si deseas dormir ³in situ², debes tener en cuenta que se trata de una zona poco poblada que no cuenta con servicios para turistas, de ahí su encanto. De todos modos, existen algunos lugareños que venden productos de primera necesidad a modo de tienda de urgencia. Por estas razones, deberás emprender la excursión con provisiones de agua, alimentos y fósforos para la fogata. En el lugar, si llegas temprano, conseguirás algunos víveres y leña.

Establecidos, la experiencia combina los grandes placeres del ecoturismo con un lugar donde dar bellos paseos naturales o un fresco baño en las limpias y frescas aguas, especialmente de noche, en la que bajo un cielo claro es posible divisar las estrellas en toda su intensidad. La laguna se convierte en un espejo negro y protegidos ante la fogata, el cansancio de la caminata se transforma en sosiego, mientras la forma del cráter te arropa y te invita al descanso.

Redacción viajes

 

 

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