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Los guardianes del Valle del Motagua

Sólo cuando se viaja a Quiriguá se aprecia la imponente fascinación que transmite ver en vivo la estela que está acuñada en la moneda de diez centavos, una de las más grandes erigidas por la civilización maya.

Un camino de terracería parece tragarse el vehículo en el cual nos conducimos. Un mar de bananos enmarcado en el valle que forma el río Motagua en su camino al Atlántico es el lugar donde se esconde nuestro destino, el sitio arqueológico de Quiriguá.

Las gigantescas estelas de piedra, cual dormidos centinelas que descansan a la sombra de ramas de palma, se alzan como orgullosas protectoras del legado de una de las principales ciudades del período clásico maya.

El parque, que comprende una planicie de 10 kilómetros cuadrados, guarda en su interior 41 piezas entre estelas, altares y figuras zoomorfas. También puede encontrarse un juego de pelota y una acrópolis decorada con estuco policromado.

La vegetación que rodea el lugar también es un atractivo. Esta se encuentra dominada por ceibas de gran tamaño, inclusive una que supera los 80 metros de altura, así como por árboles frutales. Los frondosos bosques completan la atmósfera de un ambiente tranquilo y reconfortante para cualquier turista.

La acrópolis central, construida hace más de 1,200 años es un importante atractivo del lugar.
Conviene saber

Para llegar a Quiriguá debe conducirse por la carretera al Atlántico, donde en el kilómetro 270 encontrará el desvío claramente identificado. Una vez fuera de la carretera deberá conducirse por cuatro kilómetros, a través de un camino que incursiona una finca de banano.

El sitio abre de martes a domingo de 7:30 a 17:00 horas, y el costo de la entrada es de Q.5.00 para nacionales y $2.00 para extranjeros. Si bien en el interior opera un pequeño quiosco, lo más recomendable es llevar comida para realizar un día de campo en los jardines y mesas que allí se encuentran.

No olvide llevar consigo repelente para insectos, así como ropa fresca, ya que la fuerte concentración de humedad lo vuelven un sitio de mucho calor la mayor parte del año.
El recorrido completo no toma más de una hora, así que con destino a la costa atlántica, Quiriguá es un excelente lugar para tomarse un descanso y entrar en contacto con la historia de nuestro país.

Un poco de historia

La ciudadela tuvo su mayor apogeo durante el reinado de Cuauac Cielo (725-784 después de Cristo). Este soberano, en busca de la autonomía, lanzó una guerra contra Copán, a la cual venció en el año 737.

La falta de un yugo y el no tener que seguir pagando un tributo, permitió que Cuauac Cielo diera rienda suelta a sus artesanos para realizar importantes construcciones, como la acrópolis y varias estelas en piedra arenisca, abundante en la región.

En honor a este rey se erigió la estela E, la más alta encontrada en Guatemala, mide 10.5 metros. Destaca por la cuidadosa elaboración de sus grabados. Figuras con barba (poco comunes entre los mayas), genealogías, detalles de la guerra y fechas lunares pueden hoy en día ser admiradas y estudiadas en ella.

Durante el siglo XX, los estudios y hallazgos realizados en la zona motivaron a la UNESCO para declarar al parque como Patrimonio Arqueológico de la Humanidad. Actualmente el Instituto Guatemalteco de Turismo y el Ministerio de Cultura y Deportes velan por su conservación, tanto como sitio arqueológico como destino turístico.

David Durán

Fuentes: La Ruta Maya, Lonely Planet.
Guatemala paso a paso, Editorial Norma.
El Mundo Maya, Sin Fronteras.