| Quiriguá, monumento al cielo | |
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Uno de los principales atractivos turísticos de Guatemala es la vasta producción cultural que se ha acumulado a través de los siglos. Quiriguá es un excelente ejemplo de la creatividad artística y política del pasado que narra glorias y sufrimientos de un pueblo que continúa amando la vida.
En el municipio de Los Amates, departamento de Izabal, la naturaleza es generosa. Su alta precipitación pluvial, la riqueza del cercano río Motagua y su oscura tierra han permitido que la vegetación crezca exuberante.
El viajero llega por una carretera asfaltada desde la capital después de cuatro horas de camino, a una velocidad moderada.
En el municipio de Los Amates, una señal nos avisa que a un kilómetro está la entrada al sitio arqueológico de Quiriguá. Al llegar a los restos de la que fuera una de las más importantes ciudades mayas de la región, el viajero encuentra un amplio estacionamiento y, tras una modesta puerta de ingreso se aproxima a la orgullosa vencedora de Copán.
Ciudad de estelas y zoomorfosCuando el viajero deja su vehículo en el estacionamiento ya se encuentra sobre la vieja ciudad de Quiriguá, por donde las personas se congregaban para los grandes festivales religiosos y políticos.
La ciudad era un puerto fluvial donde la nobleza tenía su propio embarcadero, además del área para todos los comerciantes. Sus alrededores eran campos de cultivo y de residencias de agricultores y artesanos, por lo que el paisaje debe haber sido, como ahora, un complejo artístico rodeado por la vegetación.
A la izquierda de la entrada se encuentra un montículo que fue un basamento piramidal, cubierto por la grama que ha tornado verde lo que debe haber sido rojo, según el gusto por los pigmentos color sol vespertino que tenían los arquitectos mayas. Frente a esta estructura, una gran plaza espera a los viajeros. Como hace más de un milenio, la plaza da sensación de grandeza, su amplio diseño da cabida a los monumentos más altos de la región, estelas monolíticas erigidas para exaltar la grandeza de los reyes que gobernaban sobre una pequeña ciudad pero con monumentos que rivalizan con los de otras urbes.
El aspecto que se vislumbra de la plaza es del siglo VIII, cuando el soberano Buts' Tiliw Chan Yoat ordenó su ampliación. El lado este de la plaza está delimitado por otros montículos. La parte sur está limitada por una alta estructura de sillares regulares, son la parte que la gente común podía observar de la residencia de los reyes de la ciudad, conocida como Acrópolis.
Para subir a la Acrópolis es necesario utilizar una escalinata donde cada grada es muy elevada, lo que la hacía visual y ergonómicamente difícil de transitar, era una muestra de que arriba vivía gente superior.
Una vez que se han superado los escalones de la Acrópolis se abre a la vista un espacio cuadrangular en el que se disponen las viviendas de los soberanos, que incluso tienen sillares de mármol pero que en su época de esplendor estaban cubiertas de estuco y coloreadas. Desde esas pequeñas habitaciones, engalanadas con pieles, plumas, esteras, fina cerámica y joyas de jade, obsidiana y pedernal, los reyes de Quiriguá decidieron los destinos de sus súbditos.
Dos grupos más pueden visitarse, al sur y este, pero es necesario llegar a ellos por entre la maleza y, en todo el sitio, es necesario el uso de repelente, por la avidez de los zancudos cuyo zumbido no entorpece la magnífica vista de la plaza y sus altos monumentos como la veían los soberanos, desde la Acrópolis, para contemplar el presente y soñar el futuro.
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Una visita a Buts' Tiliw Chan Yoat Originalmente la población era una pequeña aldea de agricultores que compartían rasgos culturales con el Altiplano, opina la arqueóloga Wendy Ashmore. Sus habitantes se habían establecido allí en el Período Preclásico (1800 antes de Cristo al 250 de nuestra era). Pero su posición era privilegiada, estaba a mitad de camino entre la región productora del jade y los grandes centros consumidores, en la región del actual Petén. Por esa razón, en el siglo V un grupo de personas llegó a la población y asumió el poder.
Como los habitantes de Quiriguá también eran mayas, la elite no encontró dificultades en controlar a la población, aunque las diferencias entre gobernantes y gobernados era muy fuerte, las casas e incluso los utensilios domésticos de cerámica eran distintos, indica el arqueólogo Héctor Paredes.
Los nuevos soberanos de Quiriguá empezaron a construir edificios de mampostería, similares a los que se levantaban en Petén, como símbolo de la instauración de una dinastía, hacia 455, por el soberano Tutum Yol K'inich, quien aparece inmortalizado en la Estela C, erigida 350 años después del acontecimiento.
Por las órdenes de los gobernantes empezaron a levantarse las estelas que hicieron famosa a la ciudad, como la Estela U, en 478, y la Estela T, en 495. Después de estos monumentos, se construyeron algunos edificios en la Acrópolis, después de que fuera enterrado en el lugar uno de los gobernantes mencionados en esas estelas. Pero la ciudad aún continuaba en la esfera de Copán, como lo evidencia la llegada a Quiriguá, en 652, del soberano copaneco Humo Jaguar, según descubrió el epigrafista David Stuart.
Las cosas cambiaron con la llegada al poder de Buts' Tiliw Chan Yoat, conocido con el sobrenombre de Cauac Caan, quien llegó al poder en 730. Este soberano decidió liberarse del dominio de Copán e inició una guerra en su contra, en la que salió victorioso el 3 de mayo de 738, cuando venció a Waxaklahun Ubah K'awil, conocido como 18 Conejo. A partir de esa victoria el rey de Quiriguá decidió convertirla en una ciudad impresionante, mandó ampliar la plaza y la Acrópolis y erigir las estelas D, fechada en 766, E, de 771, y F, de 761, que todavía sobrecogen al visitante por ser las más altas del área y que son las que se pueden apreciar en la visita.
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