| Aguacatán, el nacimiento de la vida |
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Si su viaje lo lleva al occidente del país y se encuentra cerca de Huehuetenango, aproveche y conozca un sitio diferente: Aguacatán.
La aventura comienza desde la cabecera departamental. La ruta que serpentea por la parte alta del sistema montañoso permite tener una visión poco conocida de la Sierra Madre y los volcanes Tacaná y Tajumulco que, aunque lejanos, se aprecian en su gran majestad.
Estampas como ésta son las que enmarcan el altiplano del país.
El camino de terracería es exigente para los vehículos; es aconsejable utilizar de doble tracción. Otra alternativa son los buses que parten desde la 3a. calle y avenida del Mercado, en Huehuetenango.
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Conforme el camino se adentra en la montaña debe tomarse siempre a la izquierda en las bifurcaciones. Cuando inicia el descenso se verá en el fondo del valle, dominado por bosques de pino y casuarinas, el pueblo de Aguacatán, cabecera de su municipio.
Marcado por sus calles de adoquín y casas de block, su mercado central siempre está surtido de verduras y artesanías de madera y palma, porque este lugar es el centro neurálgico hacia donde los agricultores llevan sus productos.
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Desde la plaza se contempla el anuncio ³Río San Juan², principal atractivo turístico de la zona. Este nacimiento fluvial se ubica en la aldea Chalchitlán y es de mayor importancia para la actividad agrícola.
Para el turismo se ha construido un balneario que, gracias a un sistema de diques, aprovecha el agua del río para formar una piscina y un centro de descanso.
El sonido del agua que choca contra las piedras, trinos de una amplia variedad de aves y los sonidos del campo crean una atmósfera tranquila, ideal para descansar.
Los fines de semana y días de fiesta el lugar se llena de vendedores de comida. El platillo más apetecido es una tortilla con carne asada, preparada con un aguacate, que el mismo comensal corta de uno de los cientos de frutos del lauráceo que abundan allí.
A unos cuantos metros del área de descanso se encuentra una oficina de atención al turista. Allí es posible concertar visitas con alguno de los guías. Pueden observarse jabalíes, dantas, monos, tortugas y diversas especies de aves.
Un poco más alejado se encuentra Cuilco, un pueblo bañado por dos ríos. Posee en su plaza una iglesia de estilo colonial de gran belleza arquitectónica, así como el sitio arqueológico Santo Padre. A ambos lugares se llega luego de un difícil camino a través de senderos que cruzan la selva, cuya trayecto a pie dura de hora y media a dos horas.
Finalmente, le recomendamos que en cualesquiera de estos lugares tenga en cuenta el tiempo que le llevará ir y venir desde la cabecera de Huehuetenango, pues no encontrará hoteles donde pernoctar.
Sin embargo, la sensación de paz y tranquilidad que lo envolverá hace que valga la pena el esfuerzo del camino.
David Durán |