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9 pisos para la erudición

Algo de historia

Donde hoy está la Biblioteca se encontraba originalmente el Palacio de Gobierno. Cuando éste fue derribado por los terremotos de 1917-1918, allí se erigió el llamado Palacio de Cartón, el cual fue pasto de las llamas. Mientras tanto, el terreno se convirtió en un pequeño parque. Así lo recuerda el historiador Francis Polo Sifontes, actual Director de la Biblioteca Nacional.

Desorden aparente, ya que los libros están clasificados.

Cuando la embajada de Estados Unidos insinuó que deseaba el terreno para construir su sede, el doctor Juan José Arévalo, a la sazón Presidente de la República, para evitar tener que denegar el pedido, anunció oficialmente que en ese espacio se construiría la Biblioteca Nacional la cual no había tenido una sede fija.

En efecto, hacia finales del siglo XIX, la biblioteca pública era la colección de libros de la Asociación Económica de Amigos del País, algunos de cuyos muebles se encuentran ahora en las oficinas de la dirección de la Biblioteca Nacional.

Esta asociación de carácter económico, fundada en 1879, fue disuelta, con sanción oficial, por el gobierno del general Justo Rufino Barrios y sus libros, junto con los decomisados a muchos conventos de órdenes religiosas que fueron expulsadas del país por el mismo gobierno, pasaron a formar parte de una biblioteca que, en ese entonces, se encontraba en la llamada Casa Federal, situada frente al Parque Jocotenango (antes Parque Morazán) de donde fueron trasladados a la actual biblioteca.

Hoy, la Biblioteca cuenta con alrededor de 378,000 volúmenes, algunos, como veremos más adelante, raros, valiosos e incluso un incunable, es decir, que proviene de los tiempos de la primera imprenta europea.

Arte. Este mural recuerda el arte de nuestro pasado maya.
El edificio

Las obras se iniciaron en 1948 y se terminaron en 1957. La construcción estuvo a cargo de una compañía estadounidense la cual dividió la edificación en nueve pisos, para seguir la clasificación Dewey.

Entre las muchas propuestas que existen para clasificar las obras dentro de una biblioteca, una de las más populares es la decimal de Dewey. Se divide en nueve categorías, cuyos códigos se inician con un dígito. De esta cuenta, pensaron los ingenieros, se colocarían los libros según su primer dígito de clasificación, en el piso equivalente.

³Esa es la teoría², dice Polo Sifontes, ³porque en la práctica la clasificación se maneja de diferente manera². De todos modos los pisos han servido para guardar los libros, pero clasificados según otras afinidades.

Al observar el edificio, tanto por fuera como en su interior, se aprecia que proviene de una época en la que se edificaba sin considerar el concepto desechable. Los ventanales amplios, las puertas anchas y los techos elevados garantizan comodidad hasta para el más extremo caso de claustrofobia.

Biblia procedente del convento de Santo Domingo.
Las colecciones

Al llegar al octavo piso, denominado el Fondo Antiguo, después de una fatigosa escalada, porque ³el ascensor ya no es muy confiable², nos explica el Director, encontramos verdaderos tesoros bibliográficos, ³destinados sólo a investigadores y especialistas².

Allí se almacenan obras editadas desde 1494, es decir, dos años después del llamado ³descubrimiento de América². Polo Sifontes, junto con Patricia Roca, quien ha laborado por más de dos décadas en la Biblioteca, nos acercan con cierta ceremonia a un cofre que bien podría ser de una historia de piratas.

Con cierta ceremonia levantan la tapa. Dentro está una Biblia, editada en nueve volúmenes cuyas escrituras están en siete lenguas. La obra procede de la colección que fuera tomada del Convento de Santo Domingo.

La Biblioteca contiene obras de consulta para todos los niveles educativos y una de las colecciones más completas de libros de autores nacionales, algunos de los cuales son de ediciones agotadas, algunas de editoriales ya desaparecidas.

Por aparte, la institución cuenta con libros especializados, como ediciones en Braille (para no videntes) y un área especial para niños.

Por tanto, cuando desees realizar una consulta bibliográfica, no te olvides de la Biblioteca Nacional y, si la visitas con tal fin, recuerda que estás en un edificio que conserva los aires de un período de historia que no se habrá de repetir.

León Aguilera