Viaje a Guatemala

Antigua Guatemala

Romance y tecnología bajo un mismo techo

Los trenes evocan aventura, viajes y, si agregas un ambiente de época, como sucede en el Museo del Ferrocarril, tendrás una experiencia que te llevará a los inicios del transporte que fue la bandera de la industrialización.

Este museo, propiedad de Ferrocarriles de Guatemala (Fegua), te regresa a cuando el transporte en vagones de madera halados por locomotoras era la tecnología de punta.

El edificio, cuya primera edificación data de entre 1894 y 1908, fue remodelado en 1964.

De acuerdo con el historiador Miguel Alvarez Arévalo, fue construido por un ingeniero de apellido Morgan, quien participó en la edificación de la represa de las Cataratas del Niágara, en Canadá, y del restaurante Fu Lu Sho, del Centro Histórico de la capital de Guatemala.

Los planos son un legado importante que será digitalizado.

El estilo es típico de una estación de aquella época, pero se impone, sobre todo al verse frente a esas locomotoras que eran capaces de arrastrar pesos enormes.

Allan Roberto Tally ha laborado durante 32 años en Fegua y es uno de los últimos maquinistas de la vieja escuela. Hoy enseña a los visitantes las maravillas del Museo y, para volver a la potencia de las locomotoras, señala la inscripción en un vagón: ³Tara 39,020 lb².

Es decir, sólo ese vagón pesa, vacío, casi 20 toneladas. Información suficiente para imaginar la capacidad de estas máquinas, en su mayoría estadounidenses y de variadas épocas. Por ejemplo, la número 34, de 1897, es Baldwin (la misma casa que fabrica pianos). La número 205 data de 1949.

En total hay 12 locomotoras, algunas de vapor, otras utilizan bunker y agua como combustible.

El Museo recibe un promedio de 200 niños cada día.

Algunos vagones servían como comedores (con sillas y mesas fijas), existían los de primera clase, con asientos Pullman, y los de segunda, menos confortables, con muebles de madera que los hace lucir como las réplicas con las que juegan los niños.

El vagón Presidencial Michatoya todavía se usa, en él viajaron el ex dictador Jorge Ubico y Monseñor Mariano Rossell y Arellano. Es de lujo y posee, acorde con la tecnología de su época, un telégrafo.

También verás un cabús amarillo, el color del último vagón de un convoy, que fungía como el almacén. En él se transportaban herramientas que servían en caso de un descarrilamiento.

Las visitas pueden ser guiadas o libres. Las primeras tienen la ventaja de permitirte subir a los vagones y contar con la asistencia de los guías, quienes te explicarán detalles que sólo se saben por medio de la experiencia.

Otra pieza fabulosa es un auto Butha, modelo 1929, modificado para circular sobre la vía férrea. Es impresionante, todo en él es masivo, empezando por su imponente motor que consume un galón de diesel por kilómetro recorrido.

Por aparte, hay una sala donde se exhiben objetos y se recrean las actividades desarrolladas por Fegua durante décadas: una oficinista con su calculadora de los años 20. Un trabajador tendiendo cables y, entre otras cosas, una réplica en miniatura y funcional de una de las locomotoras, realizada por los empleados de la empresa.

³Queremos que el Museo sea también un centro cultural², dice Rubén Larios, subdirector. Por ello, las instalaciones tienen un teatro con capacidad para cien personas y, para un futuro cercano, habrá un café Internet y una galería de arte.

León Aguilera

Fotos: Jorge Morales.

 

 

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