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Los buñuelos: caricia de ángeles

En la parte final del año la sociedad guatemalteca ha establecido un ciclo de festividades relacionadas con la Natividad, que se inicia el 7 de diciembre y culmina el 2 de febrero. En ese marco festivo hay un postre que se convierte en un toque divino, los buñuelos.

En el mes de diciembre la temperatura baja, sobre todo en la región donde se encuentra ubicada la ciudad de Guatemala, por eso se preparan platillos destinados a mantener el calor.
Muchas de las actividades que se realizan durante el ciclo de Navidad se llevan a cabo al aire libre, se aprovecha el cielo despejado y la ausencia de lluvias, lo que hace necesario mantener la temperatura agradable. Los platillos, dice el antropólogo Celso Lara, proveen gran cantidad de calorías.

La historia de los buñuelos es reciente, opina la antropóloga Ofelia Déleon. No aparecen en las descripciones más antiguas, como la de Tomás Gage, que visitó Guatemala a principios del siglo XVII, o Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, que redactó su obra a finales de la misma centuria. Es probable que hayan surgido en el siglo XIX, agrega la investigadora.

Sin embargo, el placer que producen al paladar ha extendido el consumo de los buñuelos a otras épocas del año. En las festividades del mes del Rosario, octubre, es común encontrar ventas de buñuelos en las calles que rodean el atrio del templo de Santo Domingo de la ciudad de Guatemala, pero su época de alta demanda es diciembre, dentro del ciclo navideño. Prácticamente se ha convertido en un plato indispensable durante la fiesta de la Virgen de Guadalupe.

En las calles que rodean el Santuario de Guadalupe de la capital se encuentran numerosos puestos de venta de alimentos preparados, entre los que destacan sensiblemente, los buñuelos. Como la mayoría de las actividades relacionadas con la festividad de la Virgen se realizan por la noche, como la serenata de mariachis, por ser una devoción de origen mexicano, la alborada y el ingreso del rezado, es necesario mantener la cantidad calórica del cuerpo. Y nada mejor que lograrlo con un deleite sensorial.

Más que trigo

Preparados con base en una masa de harina de trigo, que incluye huevos, bicarbonato de soda, anís y agua, los buñuelos deben servirse bañados en miel. La cocina tradicional disponía del tiempo para batir la mezcla a mano, actualmente se cuenta con batidoras eléctricas que no alteran en nada su sabor.

Deben freírse en abundante cantidad de aceite, escurrirse adecuadamente y mantenerse dorados para que el comensal los sienta crujientes, por esa razón no se les hierve en la miel, porque se ablandarían muy pronto, dice Déleon.

Es esa consistencia agradable, almibarada con un grado de dulzura apropiado lo que convierte al plato en un producto de demanda, da las calorías que se necesitan para festejar durante la época y reúne a varias generaciones en una tradición alimenticia que, aunque no milenaria, es de las más sabrosas de Guatemala.

Redacción viajes