Viaje a Guatemala

Antigua Guatemala

Amatitlán, en la tierra del espejo

Con el olor endulzado de la panela y el colorido de las mengalas danzarinas, esta tierra nos habla de sus tradiciones con la melodía matizada del azul que tenía en otros tiempos su olvidado lago.

A 28 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala se encuentra el municipio de Amatitlán. Su variado paisaje cubre una extensión territorial de 204 kilómetros cuadrados. La historia de este bello lugar se remonta a un asentamiento en un sitio denominado Pampichi o Pampichín, en donde en la actualidad tiene su asiento la Finca Belén.

Posteriormente la localidad se trasladó a Tzacualpa, lugar que se ubica al oriente del pueblo actual, llegando a extenderse desde el propio nacimiento del río Michatoya, hasta el Puente de la Gloria. Datos sobre la fundación de Amatitlán, son referidos por Antonio de Remesal quien documentó que su población es producto de un proceso de reducción ordenada por el Presidente de la Real Audiencia, don Alonzo López de Cerrato, quien donó la laguna de Amatitlán a la orden de los dominicos. Fue Fray Jerónimo Martínez quien trasladó el poblado a donde se asienta actualmente, el 24 de junio de 1549, afirma el historiador Guillermo Zúñiga Diéguez.

La etimología de su nombre se deriva de la voz náhuatl amatl, que designa al árbol de amate, y tlán, que juntas indican lugar cercado de amates. Por eso, no es de extrañar la abundancia de esos árboles en las inmediaciones de la laguna.

Rica en tradiciones

Los orígenes de sus costumbres, tan antiguas como sus calles, se pierden en el tiempo y son el reflejo fiel de los grandes cambios que ha tenido durante su devenir histórico. En su mayoría, han sobrevivido al paso vertiginoso de la vida moderna aderezando la vida cotidiana con su encanto de mazapanes y dulces.

Una de las principales tradiciones de Amatitlán se desarrolla en los primeros días de mayo, cuando se celebra la fiesta del día de la Santa Cruz. Un recorrido multitudinario a la luz de la luna se lleva a cabo por la vía lacustre, encaminándose hacia un costado del lago donde se encuentra una piedra que curiosamente semeja un trono. Allí se lleva una imagen del Niño Jesús que todo el año se venera en el templo frente al parque central.

Otros ejemplos de este rico mosaico de tradiciones es el baile de las mengalas. En él, mujeres jóvenes ataviadas con vestidos largos y coloridos a la usanza del siglo XIX realizan una danza impecablemente coordinada.

Infaltables son los recorridos por el camino paralelo a la playa pública en donde unas hermosas construcciones elaboradas de piedra volcánica, le dan la bienvenida al visitante. En medio de una alameda que contrasta su verdor con el matiz oscuro de las piezas rocosas abundantes en la región los arcos, portales, vestidores, salones, graderíos y hasta una pileta son algunas de estas curiosas creaciones.

Además, Amatitlán es famosa por los deliciosos dulces típicos regionales, que atraen tanto al paladar como la vista debido a la forma tan particular de presentarlos. La cajeta de colores constituye un símbolo característico de esta tierra de azúcar, por ello una escultura representativa se encuentra en una de las entradas de la alameda de la playa. La variedad de estas creaciones culinarias es tanta, que le será difícil elegir.

Espejo volcánico

Pero el principal atractivo de este municipio lo constituye su lago, desde hace muchos años ha sido objeto de veneración por los nativos de este lugar. Como otros cuerpos de agua ha sido incluso utilizado desde la época precolombina para ofrendas de barro, en un intento humano de venerar a las deidades. Los lagos como el Amatitlán han sido considerados por diversas culturas como las puertas al inframundo por lo que investigadores como Guillermo Mata han llegado a sus profundidades para descubrir un poco más sobre sus antiguos pobladores.

Un destino incierto

El suelo de las orillas del lago es volcánico, formado por cenizas, fragmentos de lava y piedra pómez. A sus alrededores aún se pueden observar diversos cultivos entre los que destacan los cafetales.

Sin embargo, la contaminación ha hecho estragos en su ciclo de vida, por lo que ha entrado en un proceso de envejecimiento prematuro, aunado a una proliferación excesiva de algas por exceso de nutrientes proceso que se conoce como eutrificación. Esto es resultado de un mal manejo de las aguas que lo alimentan y los desperdicios que son vertidos en su cuenca, afirma el geólogo Luis Estrada. La fauna de sus aguas ha sido reinsertada desde el siglo XVI, sin embargo con toda la contaminación que recibe, su futuro no avizora nada bueno.

Este espejo que ha sobrevivido el incesante repicar de las campanas del tiempo, aún con todos los problemas que afronta sigue siendo un atractivo lejos del bullicio de la ciudad, especialmente cuando se quiere disfrutar del aire limpio y una jornada llena de paz.

Redacción viajes

 

 

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