| | | | El Progreso La impresionante Sierra de Las Minas es uno de los principales atractivos que El Progreso ofrece a sus visitantes. En ella la elevación más prominente es el cerro El Pinalón, el que sube hasta donde las montañas se entrecruzan con las nubes. Partiendo de la ciudad capital y en dirección al oriente del país, El Progreso es el primer departamento que encontrará. |  Sierra de Las Minas vista desde la cumbre del cerro El Pinalón. | | | | Nombre del departamento: | | El Progreso. | | Cabecera departamental: | | Guastatoya. | | Población: | | 140,209 habitantes aproximadamente. | | Municipios: | | Guastatoya, Morazán, San Agustín Acasaguastlán, San Cristóbal Acasaguastlán, El Jícaro, Sansare, Sanarate y San Antonio La Paz. | | Clima: | | Cálido. | | Idioma: | | Español. | | Altitud: | | 518 metros sobre el nivel del mar. | | Límites territoriales: | | Colinda al norte con los departamentos de Alta Verapaz y Baja Verapaz; al este con Zacapa y Jalapa y al sur y oeste con el de Guatemala. | | Extensión territorial: | | 1,922 kilómetros cuadrados. | | Fiesta titular: | | 15 de enero: Fiesta en Guastatoya en honor al patrón de Esquipulas. | | Fundación: | | 1908. | | Temperatura: | | Máxima 29 grados centígrados. Mínima 19 grados centígrados. | Entre otras cosas, tiene fama por la habilidad de los pobladores de uno de sus municipios, Sansare, en la elaboración de fuegos artificiales. Este lugar es uno de los principales responsables de abastecer al resto de la República con este tipo de productos. Su sincretismo religioso también ocupa un lugar importante, ya que iglesias como la de San Cristóbal Acasaguastlán, en proceso de restauración, muestra un barroco colonial digno de admirar aún desde la carretera. El Progreso posee un paisaje contrastante, ya que en la planicie domina el clima seco, árido, casi desértico, mientras que en sus cumbres se puede apreciar la espesa vegetación de sus bosques templados húmedos. Dentro del recorrido que se hace a este departamento, se puede apreciar el sitio arqueológico de Guaytán, ubicado entre San Agustín Acasaguastlán y la aldea Magdalena, el cual según relatos históricos fue comunidad de la cultura poqomam oriental. Y si desea refrescarse o mitigar su sed, en el cruce de El Rancho, donde seguramente pasará debido a su ubicación, los pobladores del lugar ofrecen variedad de bebidas, comidas, frutas, verduras, antes de continuar su viaje al oriente del país o a las verapaces. | | |  | Una cultura cercana y desconocida Por: Edgar Barillas El departamento de El Progreso fue creado en 1908. En esta fecha se añadió el territorio de Guastatoya, que antes pertenecía al departamento de Jalapa. Actualmente cuenta con una red de carreteras que lo comunican con los diferentes municipios que lo conforman. El Río Motagua y Los Plátanos, recorren su territorio. | | | | Si viaja de la capital de la República hacia el oriente, el primer municipio que encontrará al abandonar el departamento de Guatemala será el de San Antonio La Paz. Pero si no hace un alto en este municipio, quizá ni se dará por enterado de su existencia. Incluso puede parar en el famoso balneario de Agua Caliente, a relajarse con sus aguas termales y seguir desconociéndolo. Tan cercano al centro político y social del país y tan distante en el conocimiento del resto de la nación. Esto se debe a que su cabecera quedó al margen, primero de la línea del ferrocarril, y luego de la carretera hacia el Atlántico. Pero no necesita desviarse mucho de la ruta (como se identificaba a la carretera asfaltada), para llegar al poblado que da nombre al municipio bautizado en honor a San Antonio de Padua. Este es el único municipio del departamento de El Progreso que no es abarcado por la región semiárida de Guatemala, la más seca de Centroamérica y la región por la que se identifica a los departamentos de El Progreso y Zacapa. Lo que podrá percibir inmediatamente es que la población ladina, producto del mestizaje, tiene patrones culturales que la identifican más con el oriente que con el resto del país. Esto lo podrá notar no sólo en las actividades productivas como la elaboración de panela, la apicultura, la elaboración de objetos de jarcia y madera, sino por la tradición oral, plena de expresiones interpretadas regionalmente. Adelante de San Antonio La Paz, ya acercándose a la región semiárida, encontrará la entrada a los municipios de Sanarate y Sansare. Se sorprenderá de la bulliciosa actividad de Sanarate, en donde se podrá aprovisionar de frutas y refrescos para explorar la ruta hacia Sansare y, más allá, hacia Jalapa. En la región encontrará agricultores dedicados a la explotación del tabaco, el tomate, la caña de azúcar y los infaltables frijoles y el maíz. En Sansare, la producción y comercialización de yuca fue una tradición. Se fabricaba y aún hoy, aunque en menor escala, almidón, que aquí como en el resto del país se llama yuquilla. Tan afamada era la yuca de la antigua Sansaria, que desde El Salvador venían comerciantes a comprar el producto, para la fabricación de yucalina, una deliciosa fritura salada. Por estos rumbos se encuentra una finca en donde se crían toros de lidia. Se trata de la propiedad de la familia Cruz, cuyos miembros son descendientes del legendario Tata Lapo, el mariscal Serapio Cruz, iniciador de la lucha contra los conservadores en el siglo XIX. La finca de los Cruz tiene fama por su plazoleta de toros, en la que los aspirantes a convertirse en diestros de la tauromaquia, han tenido la oportunidad de exponer sus capacidades. Pregunte por la Poza Verde y le guiarán a un sitio arqueológico situado sobre una roca monolítica de aproximadamente 25 a 30 metros de alto. Desde este sitio del posclásico tardío podrá apreciar el valle de Sansare, más allá la serranía de Anshagua y atrás los territorios de los jalapas, primero de origen xinca, y más allá pocomames. Para conocer el resto del departamento de El Progreso, regrese a la ruta y siga hacia Guastatoya, la cabecera del departamento. Retomó su nombre original, luego que por algún tiempo se le conoció por El Progreso. Lo primero que verá desde la carretera al Atlántico será su campo de fútbol. No podrá pasar por alto este detalle porque el verde césped contrasta de forma impactante con la vegetación propia de la región semiárida. En el poblado extrañará también que no hay construcciones antiguas. Las había, muy espaciosas y solariegas. Pero el terremoto de 1976 destruyó prácticamente toda la arquitectura de la localidad. Guastatoya, por su parte, fue reconstruida, pues el sismo tuvo un efecto de poda para Guastatoya, como si de una planta se tratara. La ciudad adquirió un ritmo de crecimiento como no lo había tenido antes. Hoy, el comercio y los servicios compiten en importancia con la agricultura en las ocupaciones de los guastatoyanos. En la carretera que de la ciudad de Guatemala conduce al Atlántico, en el kilómetro 85, se encuentra una bifurcación importante. El camino de la izquierda lo llevará a las verapaces. Hacia la derecha, la carretera llega hasta Petén, o se interna hacia Honduras. En este cruce está una de las aldeas más grandes de Guatemala, El Rancho. | Allá en el rancho Los vendedores informales de este lugar le ofrecerán bebidas, bocados para calmar el hambre como pacayas envueltas en huevo, piezas de pollo dorado, chicharrones de marrano y huevos duros con salsa de tomate. También le ofrecerán quesadillas, una de las delicadezas de la repostería de la región, o semillas de marañón horneadas. |  Puente sobre el Río Motagua, entrada a El Rancho. | En este lugar, la economía formal está representada por aserraderos, gasolineras, restaurantes, talleres mecánicos, una agencia bancaria y otra de telecomunicaciones. En las cercanías se cultivan limones, tomate, chile pimiento y tabaco. Pero esto es solamente uno de sus barrios. Desvíese usted de la carretera al Atlántico y tome un camino recién asfaltado, hacia la derecha. Se encontrará con un hermoso puente colgante de hierro que atraviesa el Río Motagua. Es el puente Orellana, cuya inauguración, en 1927, ha quedado registrada en una vieja película de celuloide, una de las más antiguas que se conservan del país. San Agustín y San Cristóbal Acasaguastlán Estos municipios nos ofrecen dos maravillosas construcciones religiosas. La fachada de la iglesia de San Cristóbal muestra un barroco colonial esplendoroso. El templo fue construido hacia 1654 y gracias a su restauración se aprecian las hornacinas que alojan a los evangelistas. Allí podrá retratarse bajo las antiquísimas campanas, aprovechando la brillantez del paisaje. Para gozar de estas oportunidades sólo tiene que desviarse unos cuantos metros de la carretera al Atlántico. No tendrá que separarse mucho de esta ruta para disfrutar de La Huerta de Guatemala: San Agustín Acasaguastlán. Desde la altura, en la carretera asfaltada que une la ruta del Atlántico y San Agustín, en sólo tres kilómetros, la blancura del templo colonial se destaca entre un follaje de matices verdes que contrastan con el contorno semiárido. Causa directa de este oasis es el Río Lato, al cual algunos citadinos cambiaron el nombre tradicional por el de Río Hato. En la plaza del poblado, bajo la sombra de una ceiba, podrá disfrutar con la abundancia de papayas, limas, naranjas, fruta de pan, chicos, nances, marañones, guanabas, anonas y guayabas. A diferencia de San Cristóbal, el templo de San Agustín Acasaguastlán se encuentra en uso. Al entrar a esta edificación del siglo XVI, disfrutará de una imaginería representativa del barroco colonial guatemalteco. Reconstruido en los siglos XVII y XVIII, el templo le brindará una sensación de frescura espiritual. San Agustín es algo más que un centro de arquitectura religiosa. Si usted posee un vehículo de doble tracción, en 18 kilómetros estará en un ambiente diferente. Las alturas de la Sierra de Las Minas le refrescarán los pulmones y podrá contemplar una de las más bellas reservas de vida silvestre en Centroamérica. Por eso a dichas montañas le llaman El Refugio del Quetzal. Finalice su visita a El Progreso visitando el antiguo Mongoy, ahora Morazán. Al pie de la Sierra, Morazán recibe los regalos vegetales de distintos ecosistemas. En la aldea El Jícaro (que no debe confundir con la cabecera del municipio homónimo), se respira el aire de la montaña, con la compañía del silbido del viento en los pinos. Hacia abajo, la región árida es bañada por el Río Morazán. En el puente Las Pericas encontrará a familias de moradores que aprovechan las pozas del lugar para darse un refrescante baño. Acompáñelos y disfrute de la naturaleza y de la hospitalidad de los habitantes del departamento de El Progreso, nuestro vecino desconocido. |  Vegetación en la Sierra de las Minas, aldea Albores, en San Agustín Acasaguastlán. | | | De la geografía a la ecología La parte norte del departamento está atravesada de este a oeste, por la Sierra de Las Minas; la parte sur, por la Cordillera Volcánica. Entre ambas se dispone una alargada depresión, por donde corre el Río Grande. La ladera de la sierra es empinada y llega a alcanzar alturas considerables. En el cerro El Pinalón, la cumbre se encuentra a casi 2,800 metros sobre el nivel del mar. Aunque no es una altura impresionante, reina un ambiente frío. Los bosques de pinos, abetos y cipreses, dominan el ambiente ecológico. Las aves propias de la alta montaña, peculiares musarañas y ratones de monte, complementan estos ecosistemas. La ladera de la Cordillera Volcánica es diferente. Las alturas no alcanzan los niveles de las de Las Minas, las mismas están sujetas a vientos cálidos sin humedad, que ascienden desde el valle. Finalmente, la depresión del valle del Río Grande, encajonada entre ambas cadenas montañosas, encarna un mundo ecológico opuesto a los otros dos. Debido a que la Sierra de Las Minas significa un fuerte obstáculo para los vientos cargados de humedad, llueve poco sobre el valle. El predominio de vegetales punzantes como tunas, nopales, candelillos, zarzas, mimosas, acacias y chichicastes, dan pie al establecimiento del bioma conocido como Chaparral Espinoso. Ahí, sólo el curso mismo del río se rodea de una vegetación menos recia, en la que prevalecen los lánguidos árboles de sauce. La naturaleza de El Progreso es sorprendente. Aún queda por descubrir ricas vegas, mesetas reverdecidas por irrigaciones y planicies bravías. Por eso, este departamento resulta insólito por donde se le observe. | Naturaleza Los contrastes de su naturaleza surgen por donde la vista se detenga. Las principales carreteras que surcan la comarca se internan en el seno de un chaparral espinoso, caluroso y seco, dominado por cactos y zarzas. ¡Por supuesto que tiene su particular encanto! |  | Insospechada fuente de jade Dos enormes bloques de la corteza de la tierra, conocidos como placas tectónicas de Norteamérica y del Caribe, se unen en tierras de Guatemala. El Progreso es uno de tantos departamentos que se encuentran justamente en la zona de contacto. El límite entre ambas es la célebre falla geológica del Motagua. Los terrenos situados al norte del río del mismo nombre, incluyendo la Sierra de Las Minas, en El Progreso, son parte de la placa norteamericana. Los del sur incluyen montañas de la Cordillera Volcánica, y pertenecen a la placa caribeña. Esta condición tiene implicaciones sobre la naturaleza de las rocas y el suelo. El roce de las placas puede producir enormes presiones. De esa cuenta, los materiales pétreos pueden modificarse intensamente. Parece que esa es la razón principal para que, en El Progreso, a lo largo del Río Grande o Motagua, se hayan formado esas peculiares rocas verdes llamadas serpentinas. Junto a las serpentinas se produjo un mineral delicado: el jade. Únicamente California, en Estados Unidos, Japón y China, tienen yacimientos equivalentes. En El Progreso también se formó un jade blanco, de grano fino y extraña belleza, formado por el mineral que los expertos denominan albita. Ambos tipos de jade constituyen un preciado regalo de la naturaleza. El frío...hasta los huesos En la Sierra, la neblina hace ver a los árboles como fantasmas de un mundo fantástico. Los bosques exhalan un aroma de coníferas, mezclado con el olor propio de la hojarasca húmeda. El viento, cargado de vapor de agua, empapa las ramas y los troncos. Es el mundo de los abetos, de los pinos, los tejos y las encinas. Binoculares a mano, zapatos adecuados para las caminatas montañosas, ropa apropiada para soportar las frías ráfagas de viento. Ojos atentos, oídos sensibilizados... se requiere de más de cinco sentidos para disfrutar a plenitud este paraíso. Si el visitante así lo desea, puede optar por acampar al aire libre, hacer excursiones a lomo de caballo o dormir en la comodidad de un hotel de montaña. Balneario Poza Los Plátanos Este paraje, extraño pero hermoso, combina varios elementos de insospechado interés. Se sitúa al oeste de Sanarate, exactamente en donde el Río Los Plátanos se cruza con la carretera antigua que conectaba la ciudad de Guatemala con el oriente del país. Hay un puente de hierro, de la época de Ubico, como dicen los lugareños, que permitía el paso de los vehículos que transitaban este camino. El puente también se llamaba Los Plátanos. Muy cerca de él, la carretera aún forma una curva en extremo cerrada, conocida como La Tijera. Debajo del puente, el río forma un amplio recodo, bordeado de árboles, grandes piedras y arenosos playones. En ese punto afluye un arroyo de agua caliente, que baja de las laderas con suavidad, sin prisa. La unión de ambas corrientes permite que haya trechos de distintas temperaturas. Es un paraíso para nadar o para remojarse, para encender una fogata rústica y disfrutar de un delicioso asado, para pescar o sentarse a la sombra de un árbol a escuchar el paso de la corriente. | | |
| Guía de infraestructura de este departamento | |
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