Durante el siglo XVIII fue la ciudad más importante del este guatemalteco, su riqueza ganadera y el paso a Esquipulas atraían a muchas personas. A principios del siglo XXI. Al llegar a las proximidades de la ciudad, un centro universitario sobre la carretera anuncia que el área urbana de Chiquimula empieza. A ambos lados de la carretera vivaces buganvilias en colores morado, naranja o blanco, saludan al viajero, con su lento vaivén que el cálido viento mece pausadamente.
La ciudad tiene tres entradas, la primera que aparece en la carretera lleva al viajero por un barrio donde el monumento más llamativo es el templo de Minerva, una vieja estructura que recuerda las fiestas en honor a la diosa romana de la sabiduría. La segunda entrada, la principal, lleva a los visitantes al Parque Central, aunque por un recorrido serpenteante. Entrar por la tercera vía de acceso permite tres cosas, observar por la carretera las ruinas de la Iglesia Vieja, con lo que fuera una alta ventana de la añeja casa parroquial, confundida con un convento, transitar frente al cementerio de la localidad y pasar por la iglesia del Calvario, antes de llegar al parque.
La gente de esta región es muy amistosa. Basta preguntar por una dirección y fácilmente la conversación se prolonga. Sin importar si el que pregunta es un extraño, los chiquimultecos son conversadores natos: el clima, los precios, el tráfico o los precios del ganado son temas para tratar frente a la barbería o la tienda, lo mismo que la política nacional o local. Si algo encontrará con facilidad el viajero es la oportunidad de intercambiar opiniones, no sólo con personas mayores, sino con jóvenes e incluso niños. La animación de la ciudad está en el Parque. Frente al espacio jardinizado, ornamentado con esculturas de mármol que representan al teatro clásico y con un kiosko coronado con una cúpula, está la iglesia, dedicada a la Virgen del Tránsito, y la Asunción. La construcción fue dañada por los seísmos, incluido el terremoto de 1976, por lo que lo único que se conserva del pasado es la fachada y la disposición de la cúpula.
Uno de los atractivos de la ciudad son los restos de un templo que está en las afueras, que puede visitarse a un kilómetro del parque. Según el investigador Alfredo Ubico, Chiquimula era un sitio defensivo que fue conquistado hacia 1530. Allí se fundó San Nicolás de Chiquimula, una pequeña población donde vivía gente de idioma chorti'. Los castellanos y mestizos ocuparon terrenos para actividades ganaderas, lo que se volvió rentable a finales del siglo XVII. Fue entonces cuando los pobladores decidieron levantar una vasta iglesia. Ya en el siglo XVIII, la parroquia había cambiado su nombre, por el de la Santísima Trinidad. Pero el 2 de junio de 1765, fuertes vientos dañaron la población, un día después se produjo un seísmo y al siguiente una tempestad. El pueblo quedó destruido y hubo numerosas muertes, narró el Arzobispo Pedro Cortés y Larraz. Personas de escasos recursos quedaron en las inmediaciones de la iglesia destruida, y al visitarla, el viajero actual puede percibir ese aire de melancolía que conserva la Iglesia Vieja.
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