| Baja Verapaz: Donde habita el Quetzal | |
|
La primera parada es en San Jerónimo, un lugar verdaderamente encantador en donde el viejo trapiche es el principal atractivo turístico. El camino amparado por ramazones de flor del amor, se le conoce así porque al igual que el amor ese árbol primero da flor y luego se llena de vainas, y adornado con casas de adobe techadas con teja roja, son el preámbulo de lo que será un pequeño poblado tranquilo, acogedor y limpio. Su bella iglesia construida en el siglo XVII es tan sólo una muestra de lo que los dominicos hicieron en esta región. Desde ahí se caminan unos cuantos metros para llegar al trapiche. Este fue construido en el mismo siglo para la elaboración de azúcar.
Terminado el recorrido, regreso al carro y me encamino hacia Salamá. La tranquilidad es una de las principales características de esta ciudad que alberga una iglesia repleta de tesoros centenarios.
Contrario a lo que se aprecia en poblaciones de la Costa Sur, los municipios de Baja Verapaz se distinguen por la limpieza de sus calles y parques, así como por una exquisita sensación de paz, la cual se manifiesta en la sonrisa franca y abierta de sus habitantes, que saludan amablemente a su paso.
La noche empieza a nublar el cielo y los jóvenes a caminar en grupos o por parejas entre las bancas del parque, las tenues luces del alumbrado público se encienden y un suave viento sopla como queriendo invitar a los transeúntes a caminar rumbo a sus casas.
Al albor de un nuevo díaDespertar es sencillo, el repicar de las campanas y el canto de los pájaros avisan que la luz del sol ilumina la mañana, y entre las rendijas de la puerta empieza a colarse un ligero aroma a plátanos fritos.
Después de un desayuno como Dios manda, según asegura uno de los compañeros de mesa, nos encaminamos hacia la casa del escritor salamateco Benjamín Ramos. Además de sus habilidades en las letras don Benjamín es conocido y querido por todo el pueblo, pues con la sal y pimienta de su ingenio ha logrado recrear momentos mágicos de la vida de sus habitantes, así como guardar en papeles tecleados en una vieja máquina la explicación del porqué de los apodos de muchos de sus pobladores. Pero sus narraciones no se quedan ahí, también la historia de esta pequeña ciudad se encuentra guardada en su memoria y con suaves palabras las trae del recuerdo cuando nos cuenta sobre el empedrado de sus viejas calles y los bebederos que fueron destruidos recientemente.
La ciudad está asentada en el valle de Urrán y tiene entre sus atractivos una deslumbrante iglesia de estilo manierista, la cual posee hermosos retablos de distintos estilos artísticos. Vale la pena visitar también el Calvario el cual se encuentra ubicado sobre una colina a la que se asciende por 120 gradas, que se encuentra en remodelación. Desde ahí se puede contemplar la ciudad y respirar un aire más fresco.
Y, por supuesto, caminar por su reducido parque central bautizado con el nombre del escritor Miguel Angel Asturias, o sentarse en una de sus bancas mientras los niños y niñas corren entre las jardineras es algo sumamente agradable.
San Miguel ChicajA tan sólo nueve kilómetros de Salamá se encuentra una pequeña población encantadora y, si en San Jerónimo la paz era parte del entorno. Pero en este municipio es más que eso, se respira. Su encantador parque cuenta con un pequeño quiosco y una fuente que datan de 1880, a un lado se yergue su iglesia encalada, lo que da un toque especial y antiguo, así como una pequeña capilla posa, y al otro lado un largo portal techado con teja que da cabida a distintas oficinas.
Tras la iglesia se encuentra el mercado, en donde pasadas las diez de la mañana el ruido se convierte en un eco que resuena aún afuera, y en donde también convergen muchos de sus habitantes para saborear una jícara de atol blanco con chile.
Después, tomando un camino encumbrado y repleto de curvas se llega hasta Rabinal, en donde se encuentran varios sitios arqueológicos siendo el Cahyp uno de los principales. Este municipio es un centro de intercambio importante y la tierra de las más sabrosas naranjas. Pero lo más llamativo de Rabinal, al menos en este viaje, resultó ser el tiempo pasado en una alfarería, en donde el maestro, con suma paciencia, intentó hacernos sentir las delicias de modelar el barro y la satisfacción de tener una pieza hecha a mano frente a nosotros.
En suma, el viaje fue placentero, pues tanto el clima como la tranquilidad que imperaba en el lugar logró acabar con el estrés que arrastramos los capitalinos, pero quizás lo mejor de todo fue la cordialidad de sus habitantes y que al final de cuentas nos dejó el deseo de regresar pronto.
Tierra de guerraBaja Verapaz tiene una extensión territorial de 3124 kilómetros cuadrados lo que equivale al 2.9 por ciento del territorio nacional. Fue creado el 4 de mayo de 1877 al dividirse la Región de las verapaces.
Su nombre original fue Tucurután, a veces escrito como Tuzulutlán o Tezulutlán, cuyo significado era, tierra de guerra, debido a la resistencia que los indígenas ofrecieron a los españoles.
Posteriormente se le llamó Verapaz ya que la unificación de la región se llevó a cabo por medios pacíficos.
|