Bordeado por vegetación, liquidámbar y bosques de pino, el río Cahabón recorre con ímpetu Alta Verapaz. Por algo en las mitologías, los ríos son mágicos. Conforme avanza en su curso, se convierte en un torrente de agua impresionante. Para entonces, su fuerza es irresistible debido a su poderío, alimentado por sus afluentes y potenciado por la topografía de su bello recorrido. De pronto el Cahabón desaparece de la vista, devorado por las entrañas de la misma tierra que recorre tan velozmente. En un punto, el cauce del río encuentra en su camino una caverna que hace las veces de puente natural, porque tan sólo a 300 metros adelante, la sierpe de agua resurge a la superficie formando cascadas que invitan a una contemplación apacible.
Es entonces cuando el visitante puede regodearse con el paisaje y hundirse en esas heladas aguas para vitalizar su cuerpo. Estas mínimas piletas se localizan en un pequeño cañón formado por roca sedimentaria y caliza, propias de las tierras altas del valle del Polochic. Un saco de dormir basta para poder admirar ese límpido cielo cubierto de estrellas, que a veces se refleja en esos ojos de agua que cubren por completo el panorama. Visitar Semuc Champey es crear un contacto especial con la naturaleza y dejarse envolver por el murmullo de la corriente del río.
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