Descubierta hace casi un siglo, visitada por los primeros arqueólogos, mapeada hace tres décadas y trabajada hasta hace unos meses, Cancuén guarda muchos secretos que esperan ser susurrados al oído del viajero que gusta de la aventura. Nuestra curiosidad había sido despertada por un amigo que redactó un artículo sobre los recientes descubrimientos en una vieja ciudad maya. Los relatos sobre un magnífico palacio, tan grande como una Acrópolis tikaleña, nos recuerdan un panel de Dos Pilas que acabamos de ver en el Museo de Arqueología, donde el soberano aparece acompañado por su esposa, una dama de esta gran ciudad que no ha sido muy publicitada. Nuestra impresión es indescriptible. Queremos sentir lo que vivieron los primeros exploradores. Algo así vio Modesto Méndez en Tikal hace más de un siglo. Estamos frente a la grandeza ida de Cancuén. Antes que los científicos llegaron los depredadores, y por esa razón vemos agujeros abiertos y troncos puestos por los arqueólogos para evitar los desplomes. Nuestro guía no es experto, así que nos lleva de un lugar a otro sin indicarnos exactamente por dónde transitamos, sólo nos muestra un terreno plano y dice: "allí trabajaron los norteamericanos", se refiere a la excavación conjunta con los guatemaltecos. Todo lo que vemos es magnífico, es como ser los primeros descubridores. Antes de dejar el sitio, vemos una mazacuata en un árbol, todos quieren fotografiarla pero yo la dejo tranquila, estamos en su casa y no fuimos invitados. Seguimos el sendero y salimos a un terreno plano y despejado, imagino que así debió ser la plaza, amplia, para recibir a todos los súbditos y visitantes. Unos ranchitos permiten que quienes acampen puedan preparar sus alimentos y, un poco más lejos, están los servicios sanitarios. No nos detenemos. Luego, llegamos a la parte plana, nos sentamos en la hierba, bebemos agua y esperamos que la lancha llegue por nosotros.
Abordamos la lancha y seguimos río arriba, esto hace el viaje más lento de regreso. El sol está en todo su esplendor, pero de repente una nube nos cubre y, dos minutos después, los ríos celestes se desbordan. La lluvia no cesa por una hora, las bromas no pararon, brotan de cada compañero y hacen el chaparrón más llevadero. Estuvimos dos horas en contacto con los señores de Cancuén, pero también con los plebeyos, que cantaron, rieron, amaron, sufrieron y disfrutaron de sus días sin saber que nosotros nos enriqueceríamos de su paso por la vida. Para llegarAl salir de la ciudad de Cobán se conduce, en un vehículo de doble tracción, por la carretera hacia Chisec, luego se toma el desvío hacia Raxuha y de ahí hacia La Isla. En ese lugar se alquila un cayuco con motor fuera de borda. Generalmente estos transportes son para llevar granos, por lo que no cuentan con comodidades para personas y los conductores no están especializados en atender turistas, aunque son muy amables. Antes de aventurarse a Cancuén es necesario hacer contacto con quienes alquilan los vehículos y las lanchas, porque éstas son escasas. Ya que parte de la carretera está en construcción deben tomarse mayores medidas de precaución, sobre todo en La Ventana. Los operadores de turismo aún no planean incluir este destino en sus productos, porque no hay servicios adecuados para atender al turista.
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